lunes, 26 de junio de 2017

El muro de Adriano. ¿Quo vadis, Jon Snow?



Cuando era pequeño, mi vida cambió el día en el que el comercial de Larousse se presentó en mi casa asegurando a mis padres que no tenían la enciclopedia completa de la editorial. Sus "volúmenes especiales" incluían un Atlas Histórico. Con el paso de los años resultó, sin duda, el tomo más hojeado (o manoseado, como da fe su pésimo estado de conservación) y amortizado de la colección. Después de ese he comprado numerosos atlas históricos, pero aquel siempre tendrá para mí un encanto especial. En él vi por primera vez las fotos de determinados lugares y monumentos que me impactaron, en una época en la que para encontrarlas no podías recurrir a Internet, sino como mucho a una revista de viajes o a las "Ronda" de Iberia. Una lotería.

Entre ellas, hubo tres imágenes que me llamaron especialmente la atención, y enseguida añadí a mi lista mental de lugares por visitar.

La primera fue la de la abadía de Mont Saint Michel, levantada en un islote rocoso que, durante la marea alta, queda aislado del continente. Para unos bretona, para otros normanda, ambas regiones francesas se la disputan. Declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 1979, su origen se remonta al siglo VIII, pero es a partir del siglo X, cuando los monjes benedictinos se instalaron en ella. Todo lo que diga de esta obra de arte es quedarse corto. Ya lo dijo Victor Hugo: "la Abadía de Mont Saint Michel es a Francia lo que la Gran Pirámide a Egipto".

Mont Saint Michel
Mont Saint Michel


En la segunda aparecía el Pont du Gard. El puente sobre el río Gard, como también se llama a este impresionantemente bien conservado tramo de acueducto romano. Se sitúa en los alrededores de la ciudad francesa de Nimes, cerca de la preciosa villa de Uzès. Una obra de ingeniería romana de casi dos mil años cuyo aspecto actual parece hacernos retroceder en el tiempo hasta el momento en el que fue construido para proveer de agua a la ciudad de Nemausus (Nimes). Al igual que en el caso anterior, también fue declarado Patrimonio de la Humanidad; esta vez, en el año 1985. Si nos atenemos a algunas de las curiosidades que se mencionan acerca de él, para la construcción de sus cincuenta kilómetros de recorrido -con casi cincuenta metros de alto en algunas secciones, y doce de desnivel-, se debió emplear una mano de obra de más de 1000 personas trabajando a destajo durante unos cinco años. Darse un chapuzón en el Gard bajo la sobrecogedora estampa del acueducto es sin duda mucho mejor que ver la escena en una página a todo color.

Pont du Gard
Pont du Gard


Y la tercera fotografía mostraba el único de estos emplazamientos que aún me queda por visitar: el muro de Adriano.

Este mismo año tenía planeado darme un salto con la familia y unos amigos, pero quizás lo que a mí me resulta interesante no lo sea tanto para  dos pequeños "vándalos" de cinco años. Así que, teniendo en cuenta además las horas de trayecto que lo separan de Edimburgo, no me queda más remedio que retrasarlo hasta otra ocasión más propicia. Mejor; así tendré tiempo para sacar el físico suficiente como para hacer en bici la ruta que discurre por los casi 120 km que recorría la descomunal construcción entre Carlisle y Newcastle. sus extremos.

Vayamos por partes:

¿Qué era?


El muro de Adriano era lo que en su momento se denominaba "Limes" en la concepción administrativa romana del imperio. Se trataba por tanto de una frontera fortificada y militarizada, pero más corta y férrea que las que podían encontrarse en el Danubio o en el Rin, por poner dos ejemplos. Una frontera fortificada lineal, trazada de costa a costa aprovechando la "estrechez" de la isla de Britannia en el antiguo límite con las tierras pictas y brigantes, tribus ajenas entonces (y por siempre) al yugo de Roma.

Como no podía ser de otra manera, visto su nombre, fue el emperador Adriano (hispano de nacimiento) el que promovió su construcción durante su visita a la isla en el año 122 de nuestra era; la que conllevó seis largos años de trabajo para unos quince mil hombres. Después de su muerte, Antonino Pío (vaya casualidad, nacido en Nemausus), su sucesor, comenzó la construcción de otro muro situado más al norte, mucho más corto en extensión (poco más de 50 km) y frágil, pues en gran parte fue levantado utilizando turba y tierra. Este último se abandonaría a los pocos años de su levantamiento, no como el edificado en tiempos de Adriano.

Casi ciento veinte kilómetros de muralla salpicada por fuertes militares (14) y fortines (80), situados a una distancia entre ellos de una milla romana. Además, todos ellos se encontraban unidos por un camino militar, y protegidos en su cara norte por un vallum o foso. En cada uno de ellos se abría una puerta que comunicaba el mundo romanizado con los "salvajes" del norte. 

¿Para qué se construyó?


Como todos los limes de Roma, su objetivo era limitar el acceso a territorio imperial de los extranjeros, así como fiscalizar las actuaciones comerciales entre ambas zonas. Tanto los comerciantes del norte del muro como los romanos debían pasar por ella para realizar sus transacciones, lo que suponía una estupenda medida para que la administración imperial pudiera recabar los consiguientes impuestos sobre la mercancía. Una medida económica que sí logró su objetivo, porque desde el punto de vista militar, este limes nunca se dotó hombres suficientes como para que la fortificación representara una defensa insalvable para las tribus norteñas, que la traspasaron en varias ocasiones a lo largo de los siglos.

¿Cuándo se abandonó?


El repliegue definitivo de las tropas imperiales acantonadas en la isla desde su conquista, como ya vimos en este post, tuvo lugar entre los siglos IV y V. Si en el año 409 se marchan a luchar en el continente los últimos legionarios acuartelados en Britannia, se estima que los fuertes y fortines de la frontera septentrional ya se habrían abandonado entre los años 389 y 390. A partir de ese momento, algunas de estas estructuras defensivas volvieron a ser ocupadas, en este caso por tropas, hombres y familias de las diferentes confederaciones o reinos "indígenas" que comenzaron a proliferar en la tierra que Roma conquistara más de tres siglos atrás.

Muro de Adriano
Sección del Muro

Algunas novelas históricas que se desarrollan en este escenario.


El Muro ha supuesto un tema de interés recurrente para muchas personas, entre ellos destacados novelistas que han desarrollado sus historias al amparo de la sombra de estos muros. Ahora mismo me vienen a la cabeza unos cuantos títulos de los que se encuentran en mi biblioteca, como son:

- El águila de la novena legión: ópera prima de la escritora inglesa Rosemary Sutcliff (ya fallecida). Narra las aventuras de dos jóvenes que atraviesan el Muro hacia las desconocidas tierras norteñas, en busca del estandarte perdido de la Novena Legión Hispana. Este, un águila de plata, había desaparecido años antes junto con la totalidad de los hombres que integraban esta unidad militar.

- El usurpador del imperio: otra novela de la misma autora. En esta ocasión recrea los difíciles tiempos que pasó la isla a lo largo del siglo III, en el que se suceden las intrigas, las guerras civiles y las traiciones. En ella recrea personajes históricos como Carausio o Alecto, gobernadores de Britannia.

- El muro de Adriano, del alemán William Dietrich. En ella se recrea la vida en el Muro de las últimas tropas romas que se hicieron cargo de la fortificación en el siglo IV.

- La leyenda de Britannia,  de Antonio E. Castillo, en la que se cuentan las aventuras de un joven sajón que llega a la isla britana en el siglo III. En su deambular por la provincia también accede a las cercanías del Muro.

Si he de recomendar alguna, me quedo con la primera. Pero, como siempre, se impone para ello la subjetividad.

¿Y alguna no histórica?


Yo fui uno de lo que no había comenzado a leer las novelas de George R. Martin, cuando vi la primera temporada de la serie Juego de Tronos. No tenía ni idea de quién era el autor, pero en cuanto terminé de ver el primer capítulo pensé: "eso es el Muro de Adriano, seguro". Y no iba muy desencaminado, pues lo pude confirmar poco después en cuanto me interesé por el autor. En una entrevista concedida a la revista Rolling Stone,  George R. Martin, en relación a su serie "Canción de hielo y fuego", recordaba sus sensaciones en el año 1981, cuando visitó las ruinas del Muro de Adriano. En ella, dijo lo siguiente: "me subí e intenté imaginarme cómo debería sentirse un legionario romano, vigilando esas lejanas colinas. Para ellos era el final de una civilización (...) podría haber cualquier tipo de monstruo allí. Lo sentí como una barrera frente a unas fuerzas oscuras, y me dejó una semilla. Pero cuando escribes fantasía, todo es mayor y más colorido, así que tomé el Muro y lo hice tres veces más largo, de doscientos metros de alto, y de hielo.

Así que, Ioannes Nix, has encontrado tu limes... :)

Cuando al fin lo visite, prometo dedicarle un post como se merece. ¿Y tú, tienes algún escenario con historia entre tu lista de lugares pendientes de visitar?



lunes, 19 de junio de 2017

¿Qué pinta un britanorromano en la Hispania del siglo V d.C?

Britanos en Hispania


A veces, los escritores de ficción histórica nos permitimos jugar un poco con los datos a los que tenemos acceso. Bueno, principalmente, aprovechamos sus lagunas, sus inconcreciones, para construir puentes que contribuyan a sustentar las historias que imaginamos. En ocasiones, incluso, nos tomamos verdaderas licencias a fin de conseguir una novela redonda; otras, simplemente "empujamos" un poco los hechos para que se inclinen a nuestro favor.

Hace poco, en una comida familiar, uno de mis cuñados (Rober, este post va por tí) me comentaba que le había llamado la atención que uno de los personajes de "El Alano" fuera de origen britano. Y como me pareció una observación interesante, y no descarto que pueda pasarse por la cabeza de más lectores, hoy me he propuesto arrojar un poco de luz sobre este tema.

El siglo V de nuestra era puede considerarse como uno de los más convulsos de la historia: una centuria en la que muchos de los pueblos que hasta entonces habitaban en Europa vieron cambiar sus formas y lugares de vida de una manera que no se había dado en las últimas generaciones. En estos años, muchos de sus moradores debieron de sentir que su mundo estallaba en pedazos. Las estructuras de poder que habían regido los destinos de millones de personas durante los últimos siglos resultaron desmanteladas. Si tratamos de buscar un período histórico que pudiera equipararse con este, solo se me ocurre citar la llegada de "los pueblos del mar" a la cuenca mediterránea mil quinientos años antes.

A lo largo y ancho de las antiguas provincias de Roma el poder imperial se tambaleaba, y las estructuras que administraban la vida de sus habitantes a un nivel más local también resultaron arrastradas por esta marea de cambios. En esta situación de inestabilidad hubo dos grandes beneficiados: los pueblos que habían llegado recientemente desde el exterior de las fronteras del Imperio, y la incipiente iglesia cristiana y sus obispos, que supieron ocupar en muchos casos el vacío de poder dejado por la administración imperial. Pero centrémonos en los "bárbaros", pues ellos son los que pueden tener la clave que explique la presencia en Hispania de un britano en el siglo V. Aunque, bien pensado, también algún obispo habría podido intervenir... pero esa es otra historia.


Ya hemos hablado en post anteriores de lo que ocurrió en Hispania en ese período, pero ¿qué ocurría mientras tanto en Britannia? Pues prácticamente lo mismo, pero con otros actores y no exactamente en las mismas fechas. 


Costa britana
El castillo de Tintagel, un clásico entre los clásicos

Si en Hispania, a la llegada de suevos, vándalos y alanos, no existía ejército romano regular dentro de la diócesis, la Britannia romana como tal había dejado de existir pocos años atrás, quedando sus habitantes "abandonados" a su propia suerte. El motivo tiene su origen en uno de los múltiples usurpadores del trono imperial que proliferaron en esa época: el britanorromano Constantino. Este, gobernador de la isla a principios de siglo, decidió trasladarse al continente para disputar el poder del imperio occidental al emperador Honorio, llevándose consigo a cuantas tropas había acantonadas en la isla.


La historia de Constantino tuvo el mismo final que la de Máximo, el usurpador que trató de auparse al poder imperial en Hispania: ambos fueron derrotados. Tras acabar con la amenaza que representara el britano, así como con su vida, Honorio, rodeado de pueblos belicosos y con la propia Italia al borde del colapso, tomó la decisión de abandonar definitivamente la brumosa isla britana, renunciando desde ese momento a la soberanía romana sobre ella. A partir de entonces la isla quedó desguarnecida, de manera que los caudillos locales pasaron a ocupar, por ejemplo, los fuertes que jalonaban el muro de Adriano, al norte de la isla.

Desde el siglo anterior, y hasta ese momento, los intentos de desembarcar en la isla por parte de los pueblos germánicos habían sido rechazados por la Classis Britannica (la flota de guerra romana radicada en el canal de la Mancha), así como por las tropas acantonadas en los distintos fuertes que se erigieron en la costa sureste de la isla. Cuando estos fuertes fueron abandonados, y la flota se disolvió, estas defensas quedaron tremendamente debilitadas. Por concretar alguna fecha, diversos historiadores señalan que en el año 390 se habría producido el abandono del Muro por la administración imperial, y en el 409 (el mismo año en el que suevos, vándalos y alanos penetran en la península Ibérica) las últimas tropas romanas abandonarían Britannia.

Muro de Adriano
Muro de Adriano
Poco después llegarían a la isla también tres pueblos, en este caso todos de origen germánico, denominados anglos, jutos y sajones, que, hasta entonces, se habían establecido en las zonas costeras situadas entre la actual península de Jutlandia, y la antigua Frisia (Países Bajos y costa occidental alemana).

A partir de aquí, podríamos adentrarnos en el mundo de la leyenda artúrica, pero no es esa mi intención. Si queremos esquivar el mito, al menos en la medida de lo posible, deberemos tomar como referencia la única obra contemporánea a esa fecha que nos puede ofrecer cierta luz sobre lo sucedido (aunque, por supuesto, de manera sesgada): De Excidio Britanniae, escrita por un monje britano de nombre Gildas.

Si atendemos a lo referido en estos escritos, la llegada de estos tres pueblos germánicos a la isla atendió a la llamada de un reyezuelo celta de los muchos que se repartieron el poder en diferentes lugares tras la marcha de Roma. En este caso sería Vortigern, quien haría llegar a la isla únicamente tres embarcaciones de guerreros sajones al mando de un caudillo de nombre Hengest, para desempeñar su labor como mercenarios a su servicio. Pero no me quiero extender en este tema (que da para mucho: Ambrosio Aureliano, la batalla del Monte Badon...), así que tendré que contenerme y dejarlo aquí por el momento para centrarme en lo que realmente quería explicar desde un inicio.

Ante el progresivo avance que protagonizaron en los años posteriores anglos, jutos y sajones desde el oeste de la isla hacia su interior, fueron muchos los britanos, (o britanorromanos, como prefiramos llamarlos) que decidieron abandonar los que hasta entonces habían sido sus hogares, en busca de una seguridad que, por desgracia, en pocas zonas del imperio occidental podrían hallar. A partir de entonces se produjeron dos olas migratorias que, con el paso del tiempo, han sido fundamentales en la concepción actual de varias regiones, en el propio Reino Unido, y en Francia.

Por un lado, dentro de la propia isla, los britanos fueron, poco a poco, generación a generación, replegándose hacia el oeste, haciéndose fuertes en Gales o en Cornualles, mientras los recién llegados se establecían en la región central y oriental de la isla, pero sin atreverse a traspasar el límite que marcaba el Muro de Adriano en el norte (¿winter is coming?).

Anglos, jutos y sajones en Britannia
Este mapa muestra el reparto de la isla algo más tarde, alrededor del año 600.

Por otro, muchos britanos decidieron marcharse aún más lejos, y poner "mar de por medio" con los recién llegados. De esta forma se embarcaron y atravesaron el actual canal de la Mancha para terminar asentándose en lo que entonces se conocía como Armorica y, actualmente (y desde poco después de la llegada de estos barcos llegados desde Britannia) Bretaña.

En esta península, poco poblada y poco importante tanto para la menguada administración romana, como para los pueblos bárbaros que campaban por la región, se establecieron multitud de britanos, llegando incluso a fundar allí sus propios "reinos en el exilio", que serán también nombrados en los ciclos artúricos, como el reino de Benoic (y su rey Ban), o el reino de Broceliande y su rey Budic (cuñado del propio Arturo).

Pero no acabaron ahí las andanzas de aquellos britanos que decidieron abandonar su isla, sin saber que la situación en la mayoría de las otras regiones del imperio era tan similar a aquella de la que ellos mismos huían. Otras naves, en menor número, continuaron navegando hacia el oeste, llegando, en algunos casos, hasta la costa cantábrica de la misma Hispania.

De esta manera, algunos historiadores hablan del establecimiento de pequeños núcleos de población britana en diferentes puntos de la costa cantábrica, principalmente en las actuales Galicia y Asturias, siendo el más conocido de todos la actual Bretoña, llamada Britonia desde el siglo VI. En este momento es en el que encontramos la primera evidencia escrita de su existencia, a través, como no podía ser de otra manera, de los escritos de un cronista del obispado local.

Un siglo antes, en el marco en el que se desarrolla "El Alano", es Hydacio, obispo de Aquae Flaviae, prácticamente el único que arroja luz con sus crónicas (de nuevo, notablemente sesgadas) sobre la situación de una Hispania al borde del colapso. Nada relata sobre la posible llegada de algunas embarcaciones repletas de britanos a la costa norte de la península, pero también es cierto que esta región, agreste, y alejada de los viejos centros de poder imperiales, y casi podríamos decir olvidada por Roma desde bastante tiempo antes, bien podría habérsele pasado desapercibida.

Visto así, ¿por qué no pudieron llegar aquellos primeros britanos, aunque sea en pequeño número, a la remota costa gallega a mediados del siglo V, cuando su pueblo abandonaba la isla en busca de un lugar seguro? ¿Te parece una hipótesis descabellada, o aceptas britanoromano en el siglo V como parte de la compañía de Attax?

lunes, 12 de junio de 2017

Entrevista a la escritora Ana Joyanes.

Entrevista Ana Joyanes

Hoy, por fin, quiero estrenar la sección del blog dedicada a entrevistar a otros autores y, desde mi punto de vista, no podía haber nadie más adecuado para esta inauguración que la escritora jienense (pero yo diría que también tinerfeña) Ana Joyanes Romo; autora/amiga y desinteresada "lectora cero" de mis manuscritos, que tan buenos consejos me ha dado desde el inesperado día en el que me lancé a escribir ficción.

Antes de comenzar, creo que lo más indicado es introducir brevemente a Ana y a su obra. Como a ella le gusta decir, es escritora-médico, médico-escritora, y ha publicado en solitario las novelas "Lágrimas mágicas", "Sangre y fuego", "Noa y los dioses del tiempo", estando pendiente de publicación "Bajo la lluvia de Oslo". Su última novela publicada, "El caso de la Pensión Padrón", ha sido escrita en coautoría con Francisco Concepción.

Participó, a su vez, en la aventura colectiva que culminó con la novela "Oscurece en Edimburgo", así como en diversos libros de relatos: "Crónicas de Acojeja", "Historias Fonendoscópicas", "Y así será para siempre", "36 relatos de verano", "Aquella otra Navidad", "¿Vacaciones? Si yo te contara...", "Con un par de narices", "Relatos de portería", "Los cuentistas de Jaén", y la colección "Minitextos solidarios".

Además, ha impartido talleres de escritura dirigidos a alumnos de E.S.O. y Bachiller. Participa en el blog y revista "La Esfera Cultural", y ha sido directora del magazine cultural radiofónico "La Esfera"


Ana Joyanes

De la extensa obra que acabo de enumerar he elegido "Sangre y Fuego" para analizar con mayor profundidad. Al leerla, me impresionó la capacidad que Ana demostraba para mezclar diferentes épocas, costumbres y situaciones, con la normalidad y pulcritud con que las reflejaba en la novela. Por supuesto, que el inicio de la misma transcurriera en una época y en un escenario tan familiares para mí como el imperio romano, contribuyó a que menos de una semana resultara suficiente para dar por terminado un libro de más de quinientas páginas.

La historia comienza hace casi dos mil años, en la época del emperador Marco Aurelio, y a partir de ahí, de mano de los protagonistas, comenzamos un vertiginoso y colorido recorrido que nos llevará al Egipto del siglo V, cuando la gloria de los Césares comienza a resquebrajarse, y el culto al cristianismo comienza a imponerse en determinadas regiones. Pero también nos hará recorrer la Sevilla más cosmopolita (pero puritana) del siglo XVI, así como el oscuro Londres victoriano, o la mismísima Barcelona contemporánea.

Un libro que puede ser considerado como una novela histórica, pero también de misterio, terror, e incluso romántica en ocasiones (un romanticismo oscuro, violento, pero no por ello menos intenso). Todo ello en un único volumen repleto de personajes inolvidables que, a lo largo de los siglos, van mostrando pasajes de su vida que han contribuido a modelar su personalidad, así como también a forjar las relaciones entre ellos; todo, mientras el ávido lector devora las páginas, una tras otra.

Pero como soy muy previsible (y "cansino"), no puedo dejar de pasar la oportunidad de preguntar a Ana por todo aquello relacionado con la Roma Imperial que tan bien describe en el libro, y lo que supuso para ella sumergirse en esa época.

P: Un vampiro en la antigua Roma, ¿cómo se te ocurrió la idea?

R: El mito del vampiro es una obsesión para mí. No el vampiro al uso, que muerde y convierte a otros humanos en vampiros o los mata, que se convierte en murciélago o es presa de un romanticismo atroz.

Concibo al vampiro como a un ser inmortal -aunque potencialmente mortal-, poderoso, sujeto a pulsiones tan extremas como extrema es su naturaleza, pero limitado. Es el binomio poder/límites lo que me resulta atractivo en este mito.

La imagen del tribuno romano, ambicioso, que se cree invencible, se acopló de inmediato a la idea de vampiro que quería plasmar.

P: Se nota, desde la primera página que lees del libro, el concienzudo y esmerado trabajo de documentación que llevaste a cabo para que, en cada escenario, la historia fluyera acorde con la época elegida, ¿cómo resultó dicha investigación? ¿cuál fue la época en la que más sencillo te resultó documentarte? ¿y la más difícil?

R: La investigación resultó muy divertida. Investigar escenarios fue parte del atractivo que tuvo escribir la novela. Rastrear épocas y ubicaciones que pudieran encajar con la historia fue apasionante. Incluso, hubo lugares que crearon situaciones. Por ejemplo, la imagen que me formé de la curtiduría de Fez me llevó a definir la relación de Marco y Claudio desde el primer momento de la historia: necesitaba que se encontraran allí.

Hay mucha información acerca de Roma, igual que acerca de la España de la Inquisición, sin embargo, me sorprendió encontrar datos tan concretos del Londres victoriano.

P: ¿Estás de acuerdo conmigo en que el exceso de información existente en algunos pasajes de la historia resta creatividad a la hora de desarrollar una novela?

R: Depende. Puede que incluso estimule la imaginación, que te fuerce a ajustar la historia y ese esfuerzo lleve a creaciones que de otro modo no verían la luz.

Por supuesto, la exactitud histórica no debe ser un corsé sino una guía, y esta guía puede romperse sin el relato lo requiere.

P: Nuestro personaje comienza el libro cerca de la frontera danubiana del imperio, un lugar muy comprometido, sometido casi continuamente al ataque de pueblos llegados desde el norte y el este, ¿fue casual su localización allí, o lo hiciste por algún motivo en especial?

R: Necesita una época de la que hubiera referencias concretas, reconocibles y que, a su vez, fuera lo suficientemente antigua como para que tuviera cabida la existencia de seres primigenios, bestiales, de leyenda.

Todo ello, sumado a la fascinación que siento por la Roma clásica, consiguieron que la frontera germana de Roma en el siglo II se convirtiera en el escenario ideal.

P: Marco Tuccio Mancino, tribuno de la Segunda Legión Itálica... ¿tiene truco el nombre, verdad?

R: Deseaba que el personaje, Marco, pudiera evolucionar a lo largo de los siglos y que su nombre pudiera ser rastreado: Marco Tuccio Mancino ha tenido diversas evoluciones a lo largo de la historia y los países. Es posible que el lector no sea consciente de ello o piense que se trata de un artificio, pero para mí era muy importante que la evolución del vampiro y la de su antagonista, Appio Claudio Rutilo fueran congruentes.

Marco y Claudio son nombres que han sido empleados a lo largo de la historia, y siguen siendo vigentes. Esto permite que un vampiro atraviese múltiples épocas sin tener que modificar su identidad. Para mí, esto era algo muy importante.

Tuccio (Tuccius, para ser más exactos) derivó en Tucker o en el actual Tucci.

En cuanto al cognomen, Mancino significa "zurdo". Aunque solo doy una pequeña pista a lo largo de la historia, para la construcción del personaje era importante. Y también puede reconocerse en el apellido Mancini.

Igual sucede con Rutilo, rutilante, que hace referencia a sus cabellos cobrizos.

P: Es más fácil ponerse en la piel de un militar romano del siglo II d.C., o en la de una joven de buena familia en la Sevilla del siglo XVI?

R: Tal vez me resultó más fácil entrar en la piel del tribuno, pero ahí estaba el reto: crear una Blanca con la que pudiera identificarme, con sus costumbres, con las reglas y creencias que debía romper.

P: De todos los rincones del mundo, y las diferentes épocas en las que se desarrolla la vida de nuestros protagonistas, ¿cuál fue la que te resultó más difícil de recrear?

R: Tal vez Egipto. Quizá lo más difícil fue ubicar a Marco y a Claudio en Alejandría. Tuve que dar bastantes vueltas hasta encontrar lo que necesitaba, no quería describir la típica imagen que tenemos de Egipto y, a la vez, deseaba ser lo más rigurosa posible.

P: Y por último, ¿para cuándo una nueva incursión en la novela histórica? Te aseguro que yo me he quedado con ganas de más.

R: Es posible que muy pronto, algo me anda bullendo. Serás el primero en saberlo.

Ha sido un placer departir con Ana. ¿Conocíais su obra? Os garantizo que vale la pena adentrarse en ella.

viernes, 9 de junio de 2017

¿Cuánto influyen tu blog personal y tus RRSS en la venta de tus libros?

MARKETING ONLINE Y ESCRITORES

¿Funciona el marketing online para escritores?


Cuando investigas acerca de lo que supone apostar por la autopublicación enseguida queda patente que no solo deberías ocuparte de lo más evidente (escribir), sino también asegurarte de dar a conocer tu trabajo a tus lectores potenciales a través de una bien planificada estrategia de marketing. Consultes donde consultes, hay un acuerdo prácticamente unánime acerca de la necesidad de asentarla sobre tu blog de escritor, y acompañarla adecuadamente con tus redes sociales.

Sobre lo que deberías esperar como resultado de tus esfuerzos ya hay un poco más de polémica...

¿Y qué puede aportar mi experiencia a todo esto?


Es frecuente leer augurios que aseguran que, si no utilizas adecuadamente las herramientas de promoción a tus disposición, lo más probable es que te lean solo tu madre, tus amigos más solidarios y, con suerte, algún que otro despistado más. Yo debo confesar que, hasta ahora, me había saltado sistemáticamente todos los buenos consejos en cuanto a la promoción de una novela que ahora empiezo a esforzarme en recopilar. Sin embargo, el resultado no ha sido tan nefasto como cabría esperar.

Mi punto de partida.


Bueno, soy consciente de que el mío es un caso algo atípico. Puede decirse que, de algún modo, he empezado la casa por el tejado.

Cuando comencé a escribir, el hecho de publicar mis novelas no se encontraba entre mis objetivos principales. Durante bastante tiempo las compartí solamente con mi círculo más cercano; luego, este círculo se fue ampliando, hasta que llegó a manos de varias personas cuyas opiniones fueron particularmente valiosas para mí, como la escritora Ana Joyanes, o el catedrático de filología latina Fremiot Hernández. Y cuando tuve noticia de que Amazon convocaba su Tercer concurso de Escritores Indie, me pareció una buena oportunidad aprovechar esa "fecha límite" como motivación para dar por finalizadas las labores de revisión y correción, que amenazaban con prolongarse ad infinitum. El problema radicaba en que el tiempo era escaso, así que tuve que centrarme en la edición y maquetación del texto, y dejar la promoción para más adelante, ya con mi primera novela, El Alano, campando en la red.

En ese momento ni siquiera me había planteado cómo hacerlo. Yo no tenía página de Facebook, jamás en la vida había utilizado Twitter, y aunque la idea de tener un blog me resultaba atractiva, simplemente no sabía por donde empezar. Así que permití a la bien engrasada maquinaria de Amazon hacer el trabajo por mí, primero a través del Concurso Indie (que resultó una plataforma extraordinaria: lógicamente es más sencillo destacar entre algo más de un millar de obras que entre la totalidad de la oferta disponible), y luego a través de la promoción Publica con Kindle (durante el mes de octubre, una selección de títulos se pone en oferta a 0,99 €). Y yo, mientras tanto, no hice nada. Durante mucho tiempo, la única referencia sobre mi novela o sobre mí como escritor (sin tener en cuenta las webs de descargas ilegales) era un amable mensaje entre los comentarios de algún foro, no recuerdo exactamente cuál, que decía algo así como "este libro me ha gustado, ¿alguien sabe quién es este tipo?". Lo sé, debería darme vergüenza.

El Alano en Amazon durante PublicaConKindle
En diciembre de 2016, cuatro meses después de la publicación de El Alano, me encontré con una agradable sorpresa en la prestigiosa web libreteria.com. Ante mi asombro, se habían molestado en dedicar una de sus notas literarias a mi novela. En ella, además de realizar una crítica muy positiva a El Alano, destacaban la "acentuada invisibilidad" de su misterioso escritor. Y puedo asegurar que resultó un excelente acicate para decidirme a ponerle remedio, antes de que el agujero negro que es internet terminase por engullir mis letras.

¿Influirá una mayor presencia en las redes sociales en las ventas de mi novela?

Pues eso es lo que me propongo comprobar. Antes de embarcarme en esta aventura del marketing online, se habían descargado unos 1.500 ejemplares de El Alano aproximadamente, y su posición en el ranking de la tienda online oscilaba entre el 400 y el 1500, según el día. Lo que resulta más difícil de aventurar es si estos son o no unos buenos resultados, pues es complicado encontrar referencias en la red acerca del impacto medio de una novela publicada en Amazon. En mi caso, puedo decir que estoy bastante satisfecho de la relación esfuerzo-beneficio.

A partir del pasado mes de febrero empecé a plantearme poner algo más de mi parte para intentar llegar a más lectores potenciales. Y puedo decir que, una vez metido en faena, he procurado rodearme de gente realmente interesante a la que pedirle consejo.

1.- Ana González Duque. Su plataforma de Marketing Online para Escritores (MOLPE) es una referencia fundamental cuando se trata de este tema. Tras varios meses a su lado, he conseguido dar los primeros pasos de este largo camino: lanzar este blog, comenzar a moverme en Twitter o solicitar mis primeras reseñas. Y quiero agradecerle desde aquí su profesionalidad, su cercanía y todos los buenos consejos que me ha prodigado.

2.- La reina lectora. Sin duda, Eva ha aportado un soplo de aire fresco a una labor que en ocasiones resulta ardua. Su energía, su desbordante creatividad, y la pasión con la que se dedica a su proyecto convierten trabajar a su lado en un auténtico placer. Échale un vistazo a su web, y verás de lo que hablo.

Junto a ella me he embarcado en un booktour de cuyos resultados estoy muy satisfecho; también es la artífice de los banner, marcadores, etc. sobre la serie "Las Cenizas de Hispania". Seguimos colaborando estrechamente, y espero que sea por mucho tiempo.

3.- No quiero dejar de nombrar a Miriam Beizana Vigo. Esta escritora gallega de novela intimista, que dirige el portal literario A Libreria, es un auténtico ejemplo de que entre todo ese ruido que inunda las redes pueden encontrarse personas capaces de brillar con su propia luz. Además, me ha regalado esta preciosa reseña de El Alano. Gracias, de verdad, por todo.

4.- Libretería. Y aquí llega el paso que, por ahora, completa el ciclo. De este portal surgió el primer impulso para avanzar, y en estos días nos hemos puesto de acuerdo para intentar alargar el recorrido de El Alano, y comprobar hasta dónde es capaz de llegar. 

Y ahora, enlazando con este último punto, me toca pediros disculpas. Como sabéis, el lanzamiento de la segunda parte de la trilogía, continuación de El Alano, estaba previsto para estos días. Sin embargo, hemos decidido retrasarla hasta que el camino que emprendo dentro de Libretería esté un poco mejor perfilado. Espero vuestra comprensión, y prometo fijar lo antes posible una nueva fecha para que "Niebla y Acero" vea la luz.

Bueno, este el resumen de mis primeros pasos como escritor 2.0. Os iré informando de los resultados.


Y tú, bien como lector, bien como escritor, ¿qué opinas sobre la mayor o menor influencia de la promoción online en las ventas de una novela? ¿Cuál es tu experiencia al respecto?

lunes, 5 de junio de 2017

Quince autores imprescindibles para los amantes de la novela histórica, II

autoras anglosajonas novela histórica



Tras comenzar en el post anterior un complicado ejercicio de autoanálisis a fin de decidir qué escritores anglosajones de novela histórica resaltar frente a los demás (siempre desde mi gusto personal, y estableciendo criterios totalmente subjetivos), me propongo repetirlo para recomendar, en este caso, a mis tres autoras anglosajonas favoritas.

No miento si digo que en esta ocasión la labor me ha resultado, incluso, más complicada. Revisando mi biblioteca, he podido constatar una llamativa paradoja: si bien la mayoría de los títulos los firman hombres (y puedo asegurar que este sesgo tiene relación únicamente con la oferta editorial sobre mis épocas favoritas, no porque yo albergue prejuicios sobre la novela histórica escrita por mujeres), muchas de las escritoras cuyos títulos he disfrutado podrían ser serias candidatas a ocupar el primer puesto de mi ranking particular.

Desde mi punto de vista, en este género destacan algunos escritores excepcionales, que elevaría sin dudarlo sobre los demás que, sin dejar de ser excelentes autores, en uno u otro aspecto salen perdiendo en la comparación con los "números uno". Pero, en el caso de las escritoras, esto no ocurre así: más bien encontramos un amplio ramillete de plumas geniales, resultando muy complicado destacar a una sobre las demás.

Pero bueno, ya que me he metido en este lío... ahí va mi selección.

1-. Rosemary Sutcliff


Una autora fascinante. Sin necesidad de narrar sangrientas batallas, consigue engancharte durante centenares de páginas sin que las eches de menos en ningún momento. Es la demostración palpable de que una buena novela histórica puede ser tan compleja y rica que todos estos matices te hagan olvidar las ganas que tenías de que unos bárbaros sin seso se rebanen las cabezas entre alaridos y gritos de guerra.


También cuenta con otro mérito que le ha valido la primera posición: esta escritora, tristemente ya fallecida, publicó su primera novela histórica en el año 1954. Es decir, en una época en la que el acceso a la información necesaria para documentarse resultaba mucho más complicado que a día de hoy, en que poseemos bibliotecas virtuales, revistas digitales, universidades en red, etc. De hecho, en ese momento muchos de los datos que hoy empezamos a conocer con mayor profundidad, gracias, por ejemplo, a técnicas de caracterización basadas en el ADN o al uso de sistemas no invasivos de estudio del territorio, se basaban únicamente en hipótesis sujetas a continua revisión. 

Y, dado que no he tenido recato a la hora de confesar abiertamente mi subjetividad a la hora de justificar las decisiones que voy tomando, añado un factor puramente sentimental: como ya he comentado en otras ocasiones, la primera novela histórica que tuve entre mis manos, la que propició que me enganchara para siempre a este género, fue "Aquila, el último romano" (recientemente reeditada en España con el título original de la versión inglesa: "Los guardianes de la luz"). Así que debo agradecer a esta brillante autora que abriera ante mis ojos un mundo hasta entonces desconocido, plagado de acción, aventura y rigor histórico.


Nacida en Reino Unido en 1920, Rosemary Sutcliff padecía una enfermedad que, casi desde la infancia, la postró en una silla de ruedas. Hasta el instante en el que se centró plenamente en la escritura, en el año 1950, se había dedicado a la elaboración de miniaturas, pues había estudiado Arte. En el año 1954 consiguió ver publicada su primera novela, bajo el título de "El águila de la novena legión".


Rosemary Sutcliff escribió sobre aquellos pasajes históricos que le gustaban, mezclando leyendas populares inglesas como la de Robin Hood, Beowulf o el mito Artúrico, con multitud de títulos relacionados con la Britannia imperial, postromana y sajona; todas ellas desde una óptica particular, extremadamente realista y despojada de misticismos, lo que pudo resultar ciertamente transgresor para el instante en el que las escribió. Los críticos de la época la encasillaron inicialmente en el ámbito de la literatura juvenil, pero lo cierto es que sus letras pueden disfrutarse con cualquier edad. Además, varias de sus novelas han sido llevadas a la gran pantalla.


Rosemary Sutcliff


2-. Lindsey Davis


En segundo lugar, aunque no por ello menos importante, se encuentra la también inglesa Lindsay Davis. Nacida en el año 1949, estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Oxford, y tras trabajar durante años como funcionaria, terminó abandonando esta ocupación para dedicarse por completo a la escritura. Si quieres conocerla mejor, no te pierdas esta entrevista de David Yagüe en 20 minutos, XX siglos.

Aunque durante su dilatada y prolífica carrera ha escrito sobre distintos períodos y desde la óptica de diferente personajes (tanto masculinos como femeninos), quiero detenerme en la que sin duda es su creación más famosa y reconocible a nivel internacional: la serie protagonizada por el buscavidas Marco Didio Falco, un Han Solo del Aventino, capaz de desenvolverse con la misma soltura en los palacios imperiales que en las más sórdidas tabernas de la Suburra. 


La serie posee, a estas alturas, veinte títulos; pero, pese a lo que pudiera parecer, no por ello decae en cuanto a interés a medida que avanzamos en ella. Nunca la Roma imperial fue tan divertida, canalla, misteriosa y rica en detalles de la vida cotidiana en los bajos (y no tan bajos) fondos. 

La manera en la que Lindsey Davis construye a los personaje es, sin lugar a dudas, uno de sus puntos fuertes. No solo en el caso del protagonista un Falco irónico, pragmático y repleto de carisma, que sin duda es el eje central en unas novelas narradas desde su perspectiva, sino también en cuanto a los múltiples secundarios que pueblan (y enriquecen) sus líneas. Todos estos personajes son importantes, no solo en la trama, sino para el protagonista, influyendo tanto en él mismo como en el desarrollo de los sucesos, proporcionando credibilidad a la historia. Su gran amigo, Petronio Longo; su esposa, Helena Justina; sus padres, Didio Favonio y Junila Tácita; su hermana Maya o sus cuñados Aulo y Eliano; todos peculiares, entrañables, importantes, "humanos" y decisivos en el devenir de los diferentes casos a los que debe enfrentarse el avispado informante imperial.


Lindsay Davis


3-. Colleen McCullough


Si las dos autoras anteriores tenían en común su país de nacimiento, damos paso ahora a una escritora nacida, en 1937, en el otro extremo del mundo: en Australia. Colleen Mccullough estudió medicina en Sidney, ciudad en la que trabajó como neuróloga hasta el momento en el que se marchó a Reino Unido y, posteriormente a Estados Unidos, para continuar con su desempeño laboral en el ámbito de la medicina. Ya en el año 1974, tras la publicación de su primera novela, que se convirtió rápidamente en un éxito, optaría por dedicarse exclusivamente a la escritura. Algunos la recordarán como la autora de la famosa y, en su momento, polémica— "El pájaro espino", que fue llevada a la televisión en forma de serie. Un joven Richard Chamberlain daba vida al protagonista de la misma: un atractivo obispo católico que fue la comidilla en la década de los ochenta. Pero su aparición en este ranking no se debe a este éxito comercial y de crítica, sino a su importantísima contribución a la novela histórica, sobre todo en una época determinada: la Roma republicana y los albores del principado de Augusto. Creo firmemente que es quien mejor ha podido representar con todo detalle una sociedad como la romana; su habilidad para manejar datos y personajes se me antoja prácticamente insuperable.

Cuando compré "El primer hombre de Roma" no las tenía todas conmigo. Por un lado, valoraba el que se tratara de un libro tan extenso (un millar de páginas); siempre me han gustado las novelas largas, y tiendo a descartar las que ocupan menos de trescientas (manías mías). Si la novela resultaba tan buena como podía intuir, tendría motivos sobrados para estar de enhorabuena, pues la seguían nada menos que otras seis de similar extensión. Sin embargo, mis anteriores incursiones en novelas que mostraran la crudeza de las guerras civiles de la Roma republicana, habían pasado por mi recuerdo con más pena que gloria (mejor no doy pistas). Afortunadamente, como ya habréis adivinado, mis temores no se cumplieron, y a las pocas páginas de empezar a leer la novela pude comprobar que realmente había encontrado un buen filón. 

Creo que no exagero si digo que nunca he leído otra novela sobre un período determinado en la que el autor demuestre dominar sus entresijos con tanta meticulosidad, como si estuviera hablando de su propio entorno, o describiendo a su propia familia. Colleen McCullough tiene la extraordinaria habilidad de mantener la precisión de un ensayo sin dejar de lado el desarrollo de la historia que narra, y que nos envuelve con maestría. Nunca un período histórico tan conocido y "trillado" dio para tanto en la pluma de un escritor.



Aunque finalmente haya encontrado argumentos para elevar a estar tres autoras a los primeros puestos de mi lista particular de imprescindibles del género, no quiero finalizar sin nombrar a otra serie de escritoras anglosajonas cuyas obras también me han encandilado: Edith Pargeter (que también firmó novelas con el pseudónimo de Ellis Peters), con su maravillosa serie "Los hermanos de Gwynedd", la estadounidense Gillian Bradshaw (El faro de Alejandría, o Ciudadano del imperio, entre otras), o Manda Scott (con su serie sobre "Boudicca, la reina guerrera de los celtas"). 

Para terminar, me encantaría que recomendaras en los comentarios otras autoras anglosajonas (pronto tocará el turno a escritores/as de otras nacionalidades, lo acoto de esta manera para mantener este orden) para ir logrando que el desequilibrio entre libros escritos por hombres y por mujeres de nuestras bibliotecas vaya siendo cada vez menos acusado