lunes, 19 de junio de 2017

¿Qué pinta un britanorromano en la Hispania del siglo V d.C?

Britanos en Hispania


A veces, los escritores de ficción histórica nos permitimos jugar un poco con los datos a los que tenemos acceso. Bueno, principalmente, aprovechamos sus lagunas, sus inconcreciones, para construir puentes que contribuyan a sustentar las historias que imaginamos. En ocasiones, incluso, nos tomamos verdaderas licencias a fin de conseguir una novela redonda; otras, simplemente "empujamos" un poco los hechos para que se inclinen a nuestro favor.

Hace poco, en una comida familiar, uno de mis cuñados (Rober, este post va por tí) me comentaba que le había llamado la atención que uno de los personajes de "El Alano" fuera de origen britano. Y como me pareció una observación interesante, y no descarto que pueda pasarse por la cabeza de más lectores, hoy me he propuesto arrojar un poco de luz sobre este tema.

El siglo V de nuestra era puede considerarse como uno de los más convulsos de la historia: una centuria en la que muchos de los pueblos que hasta entonces habitaban en Europa vieron cambiar sus formas y lugares de vida de una manera que no se había dado en las últimas generaciones. En estos años, muchos de sus moradores debieron de sentir que su mundo estallaba en pedazos. Las estructuras de poder que habían regido los destinos de millones de personas durante los últimos siglos resultaron desmanteladas. Si tratamos de buscar un período histórico que pudiera equipararse con este, solo se me ocurre citar la llegada de "los pueblos del mar" a la cuenca mediterránea mil quinientos años antes.

A lo largo y ancho de las antiguas provincias de Roma el poder imperial se tambaleaba, y las estructuras que administraban la vida de sus habitantes a un nivel más local también resultaron arrastradas por esta marea de cambios. En esta situación de inestabilidad hubo dos grandes beneficiados: los pueblos que habían llegado recientemente desde el exterior de las fronteras del Imperio, y la incipiente iglesia cristiana y sus obispos, que supieron ocupar en muchos casos el vacío de poder dejado por la administración imperial. Pero centrémonos en los "bárbaros", pues ellos son los que pueden tener la clave que explique la presencia en Hispania de un britano en el siglo V. Aunque, bien pensado, también algún obispo habría podido intervenir... pero esa es otra historia.


Ya hemos hablado en post anteriores de lo que ocurrió en Hispania en ese período, pero ¿qué ocurría mientras tanto en Britannia? Pues prácticamente lo mismo, pero con otros actores y no exactamente en las mismas fechas. 


Costa britana
El castillo de Tintagel, un clásico entre los clásicos

Si en Hispania, a la llegada de suevos, vándalos y alanos, no existía ejército romano regular dentro de la diócesis, la Britannia romana como tal había dejado de existir pocos años atrás, quedando sus habitantes "abandonados" a su propia suerte. El motivo tiene su origen en uno de los múltiples usurpadores del trono imperial que proliferaron en esa época: el britanorromano Constantino. Este, gobernador de la isla a principios de siglo, decidió trasladarse al continente para disputar el poder del imperio occidental al emperador Honorio, llevándose consigo a cuantas tropas había acantonadas en la isla.


La historia de Constantino tuvo el mismo final que la de Máximo, el usurpador que trató de auparse al poder imperial en Hispania: ambos fueron derrotados. Tras acabar con la amenaza que representara el britano, así como con su vida, Honorio, rodeado de pueblos belicosos y con la propia Italia al borde del colapso, tomó la decisión de abandonar definitivamente la brumosa isla britana, renunciando desde ese momento a la soberanía romana sobre ella. A partir de entonces la isla quedó desguarnecida, de manera que los caudillos locales pasaron a ocupar, por ejemplo, los fuertes que jalonaban el muro de Adriano, al norte de la isla.

Desde el siglo anterior, y hasta ese momento, los intentos de desembarcar en la isla por parte de los pueblos germánicos habían sido rechazados por la Classis Britannica (la flota de guerra romana radicada en el canal de la Mancha), así como por las tropas acantonadas en los distintos fuertes que se erigieron en la costa sureste de la isla. Cuando estos fuertes fueron abandonados, y la flota se disolvió, estas defensas quedaron tremendamente debilitadas. Por concretar alguna fecha, diversos historiadores señalan que en el año 390 se habría producido el abandono del Muro por la administración imperial, y en el 409 (el mismo año en el que suevos, vándalos y alanos penetran en la península Ibérica) las últimas tropas romanas abandonarían Britannia.

Muro de Adriano
Muro de Adriano
Poco después llegarían a la isla también tres pueblos, en este caso todos de origen germánico, denominados anglos, jutos y sajones, que, hasta entonces, se habían establecido en las zonas costeras situadas entre la actual península de Jutlandia, y la antigua Frisia (Países Bajos y costa occidental alemana).

A partir de aquí, podríamos adentrarnos en el mundo de la leyenda artúrica, pero no es esa mi intención. Si queremos esquivar el mito, al menos en la medida de lo posible, deberemos tomar como referencia la única obra contemporánea a esa fecha que nos puede ofrecer cierta luz sobre lo sucedido (aunque, por supuesto, de manera sesgada): De Excidio Britanniae, escrita por un monje britano de nombre Gildas.

Si atendemos a lo referido en estos escritos, la llegada de estos tres pueblos germánicos a la isla atendió a la llamada de un reyezuelo celta de los muchos que se repartieron el poder en diferentes lugares tras la marcha de Roma. En este caso sería Vortigern, quien haría llegar a la isla únicamente tres embarcaciones de guerreros sajones al mando de un caudillo de nombre Hengest, para desempeñar su labor como mercenarios a su servicio. Pero no me quiero extender en este tema (que da para mucho: Ambrosio Aureliano, la batalla del Monte Badon...), así que tendré que contenerme y dejarlo aquí por el momento para centrarme en lo que realmente quería explicar desde un inicio.

Ante el progresivo avance que protagonizaron en los años posteriores anglos, jutos y sajones desde el oeste de la isla hacia su interior, fueron muchos los britanos, (o britanorromanos, como prefiramos llamarlos) que decidieron abandonar los que hasta entonces habían sido sus hogares, en busca de una seguridad que, por desgracia, en pocas zonas del imperio occidental podrían hallar. A partir de entonces se produjeron dos olas migratorias que, con el paso del tiempo, han sido fundamentales en la concepción actual de varias regiones, en el propio Reino Unido, y en Francia.

Por un lado, dentro de la propia isla, los britanos fueron, poco a poco, generación a generación, replegándose hacia el oeste, haciéndose fuertes en Gales o en Cornualles, mientras los recién llegados se establecían en la región central y oriental de la isla, pero sin atreverse a traspasar el límite que marcaba el Muro de Adriano en el norte (¿winter is coming?).

Anglos, jutos y sajones en Britannia
Este mapa muestra el reparto de la isla algo más tarde, alrededor del año 600.

Por otro, muchos britanos decidieron marcharse aún más lejos, y poner "mar de por medio" con los recién llegados. De esta forma se embarcaron y atravesaron el actual canal de la Mancha para terminar asentándose en lo que entonces se conocía como Armorica y, actualmente (y desde poco después de la llegada de estos barcos llegados desde Britannia) Bretaña.

En esta península, poco poblada y poco importante tanto para la menguada administración romana, como para los pueblos bárbaros que campaban por la región, se establecieron multitud de britanos, llegando incluso a fundar allí sus propios "reinos en el exilio", que serán también nombrados en los ciclos artúricos, como el reino de Benoic (y su rey Ban), o el reino de Broceliande y su rey Budic (cuñado del propio Arturo).

Pero no acabaron ahí las andanzas de aquellos britanos que decidieron abandonar su isla, sin saber que la situación en la mayoría de las otras regiones del imperio era tan similar a aquella de la que ellos mismos huían. Otras naves, en menor número, continuaron navegando hacia el oeste, llegando, en algunos casos, hasta la costa cantábrica de la misma Hispania.

De esta manera, algunos historiadores hablan del establecimiento de pequeños núcleos de población britana en diferentes puntos de la costa cantábrica, principalmente en las actuales Galicia y Asturias, siendo el más conocido de todos la actual Bretoña, llamada Britonia desde el siglo VI. En este momento es en el que encontramos la primera evidencia escrita de su existencia, a través, como no podía ser de otra manera, de los escritos de un cronista del obispado local.

Un siglo antes, en el marco en el que se desarrolla "El Alano", es Hydacio, obispo de Aquae Flaviae, prácticamente el único que arroja luz con sus crónicas (de nuevo, notablemente sesgadas) sobre la situación de una Hispania al borde del colapso. Nada relata sobre la posible llegada de algunas embarcaciones repletas de britanos a la costa norte de la península, pero también es cierto que esta región, agreste, y alejada de los viejos centros de poder imperiales, y casi podríamos decir olvidada por Roma desde bastante tiempo antes, bien podría habérsele pasado desapercibida.

Visto así, ¿por qué no pudieron llegar aquellos primeros britanos, aunque sea en pequeño número, a la remota costa gallega a mediados del siglo V, cuando su pueblo abandonaba la isla en busca de un lugar seguro? ¿Te parece una hipótesis descabellada, o aceptas britanoromano en el siglo V como parte de la compañía de Attax?

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