lunes, 31 de julio de 2017

El aceite de oliva en la Hispania romana

El aceite de oliva en la Hispania romana


Mucha gente asocia el cultivo del olivo al sur de España, a los campos, principalmente andaluces y extremeños, en los que este árbol domina gran parte del paisaje; sin embargo, un dato no tan conocido es que originalmente proviene de bastante más al este. Al igual que otros muchos productos agrícolas habituales para nosotros hoy en día en nuestros campos, los datos de los que disponemos apuntan a que el olivo fue domesticado hace miles de años en la actual Turquía y sus países limítrofes, incluyendo Siria y las fértiles llanuras del Tigris y el Éufrates.

Eso fue hace muchos miles de años pero, ¿cómo llegó hasta el sur de España? Pues como sucediera con muchas otras producciones agrícolas (también el vino o la castaña, dos de mis productos favoritos), fueron las distintas colonizaciones humanas las que extendieron su cultivo desde oriente. En un primer momento serían los fenicios y griegos, grandes navegantes, los que lo introducirían al llegar a la península ibérica desde muy temprana época en busca de nuevas rutas comerciales que explotar. Tras ellos, Roma se convertiría en la principal protagonista de esta historia. El imperio romano, ya firmemente asentado y dotado de una extensa red viaria y rutas marítimas comerciales seguras, extendió el cultivo de la oliva a lo largo y ancho de la cuenca mediterránea, por todas aquellas regiones donde las condiciones ambientales propiciaban su desarrollo.

Calzada romana
Calzada romana

¿Por qué era tan importante el cultivo del olivo para los romanos como para extenderlo por tantos países?

Pues leyendo un pequeño extracto de la obra del escritor latino Plinio el viejo, denominada "Historia Natural", podremos deducir rápidamente la respuesta a esta pregunta. Dice así:

"Hay dos líquidos que son especialmente agradables para el cuerpo humano: el vino por dentro y el aceite por fuera. Ambos son los productos más excelentes de los árboles, pero el aceite es una necesidad absoluta, y no ha errado el hombre en dedicar sus esfuerzos a obtenerlo".

Plinio no exageraba en su fervor por este producto, pues lo cierto es que los romanos utilizaban el aceite podríamos decir que para casi todo en su vida diaria (e incluso más allá de aquella):

- En la gastronomía, era utilizado para cocinar, para aliñar o para elaborar sus características salsas.

- También era usado como combustible con el que iluminar casas, templos y cuantos lugares lo requirieran.

- Se usaba también para la elaboración de productos cosméticos o de belleza, así como en perfumería o en las conocidas palestras en las que se ejercitaban los ciudadanos para mantenerse en forma, antes de recibir un reparador masaje a base de ¿aceite? :)

- Como remedio, era utilizado para combatir diferentes tipos de dolencias, como úlceras, cólicos o bien como antipirético (para bajar la fiebre).

- Un "subproducto" de la oliva se podía usar como insecticida, herbicida e incluso fungicida.

- Y, por último, para la preparación de los cadáveres para su enterramiento, pues se solían untar los cuerpos de los difuntos con aceite perfumado.

¿Y  por qué asociamos especialmente este cultivo con Andalucía o Extremadura?

En las provincias romanas de la época, conocidas como Baetica, sur de Lusitania y Carthaginense, el cultivo se adaptó muy bien, por lo que rápidamente proliferaron grandes villas rurales en las que, además del cereal y la vid, la oliva ocupaba un papel destacado. En estas edificaciones, básicas para la economía imperial, se encontraban aquellas estructuras industriales necesarias para la elaboración de productos manufacturados partir de materias primas agrarias (¿En suelo rústico, no industrial? Están locos estos romanos...)

El éxito de la oliva y del aceite producidos en la zona, sobre todo en la provincia Baetica, fue tal que el mismo Plinio llegó a asegurar que era el mejor de todo el imperio, tan solo superado por el producido en Histria (península de Istria, en la actual Croacia) y el elaborado en la Campania italiana.

"También era de mi gusto pasear por las dependencias donde se fabricaba el aceite, en las que pasaba largos momentos de tranquilidad, entre encargo y encargo, curioseando entre la maquinaria, y aprendiendo el tratamiento al que se sometía a las olivas, para terminar dando lugar a lo que Balbo llamaba su oro líquido".

Extraído de "El Alano".


¿Y cómo se elaboraba el aceite?

En la mayoría de las ocasiones, los romanos utilizaban largas varas con las que golpear las ramas del olivo (desde luego no vareadores eléctricos como ahora, aunque no ha cambiado tanto el método) para desprender de esta manera las aceitunas del árbol. Únicamente en explotaciones pequeñas y bien atendidas podían recogerse a mano, pues aunque de esta forma se dañaba mucho menos el fruto, lo cierto era que requería demasiado esfuerzo y dedicación.

Una vez recolectado el preciado fruto, se almacenaba en una estancia denominada "tabulatum", en la que el suelo estaba impermeabilizado y ligeramente inclinado para facilitar la evacuación del conocido como alpechín (un líquido oscuro y maloliente que en ocasiones se usaba como repelente para insectos).

Después de asegurarse de que la aceituna se encontraba seca, se procedía a la molienda. Durante esta, resultaba primordial evitar romper el hueso, pues en caso contrario el aceite presentaría un sabor amargo que haría disminuir su precio en el mercado, repercutiendo negativamente en la economía del productor (y, por descontado, de todos los que vivían con aquel).

Para este proceso lo más habitual era utilizar un sistema conocido como "trapetum", que consistía en un gran molino compuesto por una pieza fija denominada "mortarium" y dos piedras móviles semiesféricas llamadas "orbis", que dos hombres hacían girar sobre la primera para moler el fruto. Así se obtenía una pasta de aceitunas que se sometía a prensado en el llamado "torcularium".

"Este negocio –solía decir, sonriente, guiñando sus ojos rodeados de arrugas– es para viejos: árboles viejos para producir, y manos viejas para atenderlos”.  


Extraído de "El Alano".

¿Cómo se comercializaba?

El producto se decantaba en grandes vasijas llamadas "dolia", que solían estar semienterradas, y luego se almacenaban en unas ánforas, las "cella olearia", que tenían forma esférica, a diferencia de las utilizadas para el vino, más estilizadas. A estos envases se les aplicaba un sello que sería la carta de presentación del productor. Casi podríamos hablar de un sello de garantía de calidad, como de los que hablamos en la actualidad en algunos productos diferenciados. Los "tituli picta", como se llamaban estos sellos, indicaban el nombre del propietario, del agente exportador -si lo hubiera- así como el día en el que salía del almacén, el momento del embarque y su llegada al puerto de destino. Eran discos de cerámica que se aislaban utilizando una pasta especial. de manera que resultaran impermeables, y sus inscripciones, duraderas.


ánfora aceite
Ánfora romana


¿Todo el aceite que se elaboraba era igual?

"Según la variedad de oliva utilizada, la época de su recolección y el proceso al que eran sometidas, obteníamos aceites de distinta calidad. El prensado se realizaba cuidadosamente, para aplastar la tierna carne de los frutos sin llegar a romper el hueso de su interior. Tras la primera molienda, se separaba el mejor aceite, y la pulpa restante se volvía a procesar, obteniendo cada vez productos de inferior categoría: los primeros eran los más apreciados para consumir en crudo, y aliñaban las preparaciones que se servían en las mesas de los más pudientes. Los siguientes, destinados a las elaboraciones en caliente, suponían la mayor parte de la demanda, y alcanzaban precios en el mercado mucho más moderados. Por su parte, las fracciones de peor calidad se utilizaban para rellenar las lamparillas para el alumbrado".

Extraído de "El Alano".

Como en la actualidad, entonces ya disfrutaban de diferentes tipos de aceite, para todos los bolsillos y menesteres:

- El Oleum omphacium era, sin duda, el de mayor calidad. Tan solo al alcance de los más pudientes, se extraía de aceitunas aún verdes (pues se consideraba que la madurez del fruto hacía que el aceite resultara más viscosa y grasienta). Su destino principal eran las ofrendas religiosas y la elaboración de perfumes.

"De las olivas que aún no habían alcanzado su punto de sazón extraíamos el omphacium, muy apreciado por los galenos por sus bondades medicinales. Sacábamos un buen dinero por él. También guardábamos parte de la producción recolectada en verde para asegurarnos materia prima que nos permitiera atender las demandas de aceite recién prensado durante la mayor parte del año; Balbo se enorgullecía de suministrar un producto de alta calidad, por lo que se negaba a acudir a los distintos trucos que usaban otros productores de la zona para retrasar el enranciamiento del aceite, como añadirle sal, lo que no favorecía precisamente su sabor".


Extraído de "El Alano".

- El Oleum viride era el aceite de calidad intermedia, el más utilizado en la gastronomía, y por un mayor número de clientes. Su elaboración, a partir de una mezcla de aceitunas verdes y otras ya maduras, se llevaba a cabo en el mes de noviembre, y daba como resultado un aceite suave. Dentro de este Oleum viride, a su vez, se podían diferenciar tres nuevas calidades, según las distintas prensas que hubieran superado la oliva: de mayor calidad a menor, según el prensado resultara menor o mayor.

- Y por último el Oleum acerbum, el más económico y que se elaboraba a partir de aceitunas que habían caído al suelo, con mayor evidencia de madurez y deterioro y, por tanto, de menor calidad. Este aceite era casi exclusivamente para su uso como combustible en la iluminación de los hogares de Roma, de la Baetica, y de todos aquellos lugares, desde Britannia hasta Siria, en los que el imperio se había asentado.


lucernaria romana
Lucernaria
Como ves, el aceite extraído de las olivas era un producto muy apreciado en la época romana, y su cultivo y elaboración dejaron profundas huellas en la economía, la cultura y el paisaje del sur de Hispania, incluso en los últimos años del imperio. Si te apetece asomarte a la vida de Balbo, un prestigioso productor hispalense, y comenzar en estas tierras la aventura con Attax, su guardaespaldas y "hombre para todo", te invito a conocer mi novela: "El Alano, las cenizas de Hispania".  

lunes, 24 de julio de 2017

En la #SemanaAutopublicados, ¡gracias a todos!

En la #SemanaAutopublicados, ¡Gracias a todos!


Después de una breve pausa vacacional (que dará para unos cuantos post en el futuro), y tras aterrizar de nuevo en el blog el pasado lunes recomendando algunos de mis autores internacionales preferidos de novela histórica, esta semana me toca redactar una entrada especial, con la que quiero participar en una iniciativa muy interesante que ha planteado Carmelo Beltrán, creador del blog y canal de Youtube "El Rincón de las Páginas": la #SemanaAutopublicados.

Creo que, hoy en día, el camino de ningún escritor es fácil. En el caso de los autores independientes o autopublicados, que no cuentan con el respaldo de una editorial tradicional tras ellos, pero que por contra disfrutan de una total libertad a la hora de planificar y llevar a cabo -personalmente o a través de colaboradores- todas las partes del proceso que conlleva que una novela vea la luz, las tareas parecen multiplicarse hasta el infinito

Por eso resulta especialmente valioso encontrar en nuestro camino personas que crean en lo que hacemos, que nos respalden, que nos den voz en este mundo sobresaturado de los medios de comunicación y las redes sociales. Así que mi intención esta vez es, sobre todo, dar las gracias a todos esos blogs de reseñas literarias que no cierran las puertas a las novelas indies, y también a los lectores dispuestos a darnos una oportunidad, e incluso arañan un rato de tiempo para regalarnos un comentario en Amazon o Goodreads. 

Ya he hablado en este blog sobre mi experiencia particular a la hora de publicar mi primera novela; en ese artículo citaba al blog A Librería, a La Reina Lectora o a la escritora Ana González Duque como principales referencias, y mencionaba el inicio de mi andadura junto a Pedro Araque en Libretería, una plataforma multimedia destinada a dar visibilidad a los autores independientes que escriben en español. Y sobre este último me gustaría hablar hoy un poco más en profundidad: por un lado, de la sección "El folletín", donde se van desgranando algunos extractos de las novelas indies seleccionadas (si quieres empezar a leer "El Alano" en este formato, aquí están los enlaces de la primera y la segunda entrega); y por otro, de esta fantástica intervención de Pedro en "Te doy mi palabra", el programa de Mar de Tejeda en Onda Cero, en la que relata entre otras anécdotas de Libretería las dificultades que mi recalcitrante invisibilidad en redes (hasta prácticamente ayer) le generó a la hora de lograr ponerse en contacto conmigo.

A todos ellos y muchos más, y a ti que hoy me estás leyendo en este, mi pequeño escondite digital, gracias por todo.

P.D. Como novedad, ya podéis encontrarme también en Facebook.

lunes, 17 de julio de 2017

Quince autores imprescindibles para los amantes de la novela histórica. III.

15 autores imprescindibles para amantes de la novela histórica


Y llegado este momento, vamos a dejar descansar a aquellos escritores y escritoras anglosajones de ficción histórica que tanto me gustan, para centrarnos en otros magníficos autores del ámbito internacional con los que he disfrutado en cada una de sus novelas. A medida que pienso en ellos y ellas, me doy cuenta de que los que trataré en relativa profundidad son, en su mayoría, alemanes. Pero me niego a sacar un post por nacionalidades...

1-. Gisbert Haefs.


Este escritor alemán tiene para mí el simbólico honor de ser el autor de la primera novela que compré con mi propio dinero. Se trataba del primer volumen de los dos en los que narraba la vida del gran Alejandro Magno, hijo de Filipo segundo de Macedonia, el creador de un imperio hasta entonces impensable. En sus páginas pude disfrutar de la visión propia de Haefs, sin espacio para mitos, sin leyendas; mostrando una época salvaje, a un Alejandro despótico e inestable emocionalmente, a la vez que encantador en ocasiones. Sometido a un enjambre de aduladores de lo más variopinto, con marcadas personalidades, a los que amabas u odiabas; al igual que sucedía con el "pequeño" monarca macedonio. Por supuesto, acerté en esa modesta inversión, a la que siguió en poco tiempo la adquisición del segundo título.

Gisbert Haefs nació en un pueblo alemán, de nombre Wachtendonk, a mediados del siglo pasado. Su carrera académica le llevó a estudiar filología inglesa y española en la Universidad de Bonn y, desde entonces, ha publicado más de una decena de títulos ambientados entre la novela histórica y la novela negra.

Novelas de Gisbert Haefs
Y aquí los tres libros en cuestión. Un poquito estropeados, pero el tiempo no pasa en balde, y menos para el papel.


Acerté con los títulos de Alejandro, pero con Aníbal descubrí una de mis novelas favoritas: quizás la que más. Incluso pasados tantos años desde la primera vez en que la leyera, me atrevo a decir que es perfecta. Todo en la novela está extremadamente cuidado, desde la coherencia con las fuentes históricas de los hechos relatados (para los que hay muchas, y por tanto muy poco margen para improvisar), como en la concepción de los personajes. Su protagonista, Antígono (el entrañable Tigo), banquero personal de la familia de los Barca, es uno de los mejores personajes ficticios que, desde mi punto de vista, se hayan escrito en cuanto a novela histórica se refiere. Quedé tan cautivado por esta novela, que reconozco que desde entonces me resisto a leer otra que se centre en la figura del general cartaginés por temor a que me decepcione. La obra de Haefs funcionó en mí como si hubiera apretado un resorte hasta entonces desconocido. Desde el mismo instante en el que la terminé, comencé a documentarme a conciencia acerca de la vida y los hechos de este injustamente tratado referente histórico del mundo mediterráneo. Un hombre que, casi él solo, fue capaz de hacer temblar un emergente imperio romano. Un hombre que, de haber conseguido su propósito, hubiera podido cambiar la historia para siempre. Pero, como siempre es el vencedor quien escribe la historia, hasta nosotros ha llegado una imagen suya distorsionada por la visión de los historiadores latinos de la época, sus enemigos. Así, durante siglos se tuvo a Aníbal como a un ser despreciable, pendenciero, codicioso, traicionero y cruel. Recomiendo, al que no lo haya hecho ya y esté interesado en la figura de este estadista púnico, leer la obra del profesor Serge Lancel, acerca de la vida de este personaje y su tiempo; creo que el propio Gisbert Haefs debió de tenerla en cuenta para su novela.

2-. Rebecca Gablé


No fue hasta hace poco tiempo que supe que el nombre de Rebecca Gablé era el pseudónimo que utilizaba la alemana Ingrid Krane-Müschen para firmar la mayor parte de su obra literaria. Inicialmente dedicada a la banca, escribía en su tiempo libre, pero pasado el tiempo decidió abandonar su actividad laboral para estudiar literatura alemana e inglesa, especializándose en la época medieval. A partir de entonces se ha dedicado de pleno a la escritura.

Tan solo he leído tres de sus novelas, por encontrarse la mayor parte de las demás en su lengua nativa, el alemán, pero he quedado gratamente sorprendido con cada una de ellas. La primera, titulada "El segundo reino" la compré porque me parecía interesante ver cómo abordaba la conquista normanda de Inglaterra, pero no contaba con demasiadas expectativas. La última novela que había leído sobre el tema, "El último rey inglés", no había conseguido engancharme. Muy al contrario, esta novela de Rebecca Gablé me resultó una agradabilísima sorpresa. Desde su personaje principal, Caedmon, el Ealdorman anglosajón, hasta su manera de reflejar la sociedades normanda y anglosajona de la época, con sus múltiples conflictos y peculiaridades. Una novela estupenda cuya continuación, "El traductor del rey", no desmerece en absoluto. Las recomiendo sin lugar a dudas.

Novelas de Rebecca Gablé
Y los de Rebecca Gablé.


Por último, pude hacerme con un volumen de "El rey de la ciudad púrpura", su último título disponible en castellano (o eso creo). Una fantástica novela que, por diversas similitudes podría recordarnos vagamente a los Pilares de la Tierra (así como desde mi punto de vista sucede con la estupenda novela de Daniel Wolf "La sal de la tierra"). En definitiva, una deliciosa novela acerca del día a día de una familia de comerciantes en la ciudad de Londres del siglo XIV.

3-. Alexandre Dumas.


Sí, Alexandre Dumas, con todos sus aciertos y errores. No cambio "los tres mosqueteros" y sus continuaciones por casi ninguna otra lectura. Y todo ello pese a que reconozco que en ocasiones he tratado de leer otras novelas de Dumas, y he pensado que cualquier parecido con la serie de D'Artagnan y los suyos es mera coincidencia.

Una obra cuya naturaleza folletinesca no debe ocultarnos el enorme valor que representan para la novela histórica las andanzas de los cuatro mosqueteros más famosos de la literatura universal. Una obra que inauguró el formato de folletín para el que fue diseñado por su creador. Las aventuras de "capa y espada" le deben a esta novela su origen.

Hace unas semanas publicó Pérez Reverte un artículo acerca de esta serie, y no puedo estar más de acuerdo con cada una de las aseveraciones que apunta. Desde mi prisma, nunca he leído unos personajes más humanos, con los que puedas empatizar tanto a medida que las vicisitudes se suceden a lo largo de una trama de más de treinta años. En los que, en parte, perdonas a Dumas sus múltiples atentados que realiza contra la historia (como él mismo decía: en ocasiones violo la historia, ¿pero a que hago unas criaturas preciosas?).

Novelas de Alexandre Dumas
Los tres mosqueteros... Sobran comentarios de las ediciones de "Veinte años después" y "El vizconde de Bragelonne".


Si alguien desconoce que las vidas de Athos, Porthos, Aramis y D'Artagnan continúan en tres nuevos volúmenes de dimensiones "bíblicas", les recomiendo que se hagan con ellos (si los encuentran). No se arrepentirán. Podrán conocer a unos personajes que han dejado atrás su juventud, en algunos casos incluso los sueños que en ella los dominaban. Sus vidas y sus personalidades han sufrido el rigor del paso del tiempo, de las luchas, de las intrigas, de las envidias; modelando sus comportamientos como si lo hubiera hecho el inclemente mazo de un herrero. Pero, pese a todo, pese a que en ocasiones ni tan siquiera se encuentren en el mismo bando, no podrán escapar al fuerte lazo que ha forjado una amistad tan profunda como la que han disfrutado desde que el joven D'Artagnan no era más que un mozalbete desgarbado a lomos de un jamelgo amarillo que recorría el camino hacia París con la esperanza de convertirse en mosquetero del Rey Luis XIII. Si él hubiera sabido que terminaría por ocupar el lugar de su admirado Monseiur de Treville años después...

Para finalizar, me gustaría nombrar algunos otros autores/as internacionales que ocupan un lugar privilegiado en mi biblioteca, como son los también alemanes Tessa Korber (El médico del emperador, La reina de Saba), Frank Baer (El puente de Alcántara) y Daniel Wolf ( La sal de la tierra), o el libanés Amin Maalouf (León el africano) y la italiana Mariangela Cerrino (Rasna, el pueblo olvidado). Además de los archiconocidos italianos Valerio Manfredi o Umberto Eco, y el finés Mika Waltari.

Otras novelas de autores internaciones
Algunos de los títulos comentados.


¿Has leído alguna de las novelas citadas? ¿Coincides en mis impresiones? Si quieres recomendarme alguna más, sería estupendo.