lunes, 30 de octubre de 2017

Y mañana, de vuelta a Samhain.

Samhain, origen de Halloween


Pues ya, casi sin quererlo, nos encontramos muy cerca de la festividad de Todos los Santos, de Halloween, o como queramos llamarla. Una época del año en la que veremos cómo las tardes se hacen más cortas, además de más frías.

En fin, que preferiría que me tocara hablar de Lughnasa, como denominaban los antiguos celtas a la fecha en la que celebraban el advenimiento de la cosecha, festividad a la que también podríamos identificar como la noche de San Juan en el calendario cristiano, pues en esa noche (tan dada a la magia como la fecha que nos ocupa) se desarrollan diferentes historias en mis libros. Pero lo que hoy toca es hablar de Samhain: el inicio de las sombras, y el fin de la luz en el calendario celta. Y, ahora que lo pienso, también sobre esta fecha he novelado algo en un manuscrito que tengo en mi ordenador sin terminar.

Samhain, que viene a significar algo así como "el fin del verano" en gaélico, era una de las cuatro festividades principales del rito celta (así que la celebrarían, por ejemplo, Astérix y Obélix, pero también Breno, Vercingétorix o Boudicca, así como las diferentes tribus que se esparcieron por Europa occidental desde el siglo VIII a.C, hasta la expansión del imperio romano). Esta fecha estaba asociada al anuncio del fin de año celta, el final de la luz. Justamente cuarenta días después del equinoccio de otoño, cuando los antiguos (y nosotros mismos) entendían que el sol comenzaba a debilitarse, brillando más lejos y durante menos tiempo en el firmamento. Para entonces, las cosechas ya habrían sido recogidas y almacenadas, y muchos animales habrían sido sacrificados para proveer de carne las despensas con las que hombres, mujeres y niños se aseguraban de poder hacer frente al duro invierno que estaba por venir.

Pero antes de las primeras nieves hicieran su aparición (según el lugar), eran los difuntos los que se paseaban nuevamente por sus antiguos hogares, en un momento mágico para quienes entonces habitaban en ellos. La llegada de los difuntos, según la ideología celta, representaba también el anuncio de la muerte que, en cierta manera, sufría la estación luminosa.

Durante aquel día se creía que la frontera existente entre vivos y muertos se diluía. Este momento tan especial implicaba que los espíritus, tanto malévolos como benévolos, camparan a sus anchas durante unas horas en el mundo de los vivos. Las familias preparaban sus hogares para acoger a sus difuntos, a los que agasajaban con ofrendas en forma de alimentos, y manteniendo encendido el hogar para ofrecerles un rincón cálido en el que resguardarse del frío y la oscuridad de la noche. Y algo curioso: ese día estaba prohibido barrer en el interior de la casa, no fuera que, entre escobazo y escobazo, terminaras invitando a tu etéreo visitante a marcharse antes de tiempo.

Samhain en el hogar
Fotografía: Jessica Furtney, Unsplash.
Sin embargo, en caso de encontrarse lejos de sus hogares, la cosa cambiaba: lo primordial era protegerse de los espíritus malvados o demasiado juguetones, utilizando máscaras y otros atuendos grotescos (¿los disfraces de Halloween?) que provocaran el espanto de aquellos. 

Con el paso de los siglos, mientras en la verde Irlanda (Hibernia, para los romanos) aún se mantenían los últimos celtas "puros" celebrando sus fiestas como si nada, en el continente y en Britannia, tras generaciones de domino romano (Galia, Britannia y zonas de Hispania y norte de Italia), estas había terminado por evolucionar a medida que los celtas se adaptaban a su nueva realidad. Incluso, mucho después, llegó el día en el que la incipiente iglesia cristiana necesitó de un día con el que reconocer a tantos mártires como se habían cobrado las diferentes persecuciones llevadas a cabo en todos los rincones del imperio, e incluso después de aquel. Y, como sucediera en otras ocasiones, la mejor solución resultó aprovechar otras festividades paganas a las que darle "otro" significado. De esta manera, mucho después, resultó Samhain la fecha elegida en la que reunir el sentimiento pagano con la fiesta cristiana, al igual que, como ya hemos dicho anteriormente, sucedió con Lughnasa y la noche de San Juan. 

Y aquí lo vamos a dejar por hoy, porque de Guy Hawkes (el mercenario inglés -pero católico- enrolado en los tercios españoles de Flandes) y de la versión más "moderna" y anglonorteamericana de la historia, no toca hablar por ahora.

¿Conocías el origen celta de la fiesta de Halloween o de Todos los Santos? ¿Has preparado las ofrendas en tu hogar, o saldrás con tu disfraz para espantar a los espíritus traviesos?

2 comentarios:

  1. Qué interesante!
    No sabía lo de las escobas. A lo mejor la expresión "poner la escoba para arriba" que se usa para decir que quieres echar de tu casa a una visita que se prolonga demasiado viene de ahí.
    Respecto a tus preguntas, no, no y no. Una pena, que poco halloweenesca!!!

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  2. Hola Ana! Pues no conocía lo de "poner la escoba para arriba", pero tiene todo el sentido...
    Y no te preocupes, yo tampoco es que sea muy halloweenesco, pero sí que soy "celto-filo" ;-)

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