lunes, 26 de febrero de 2018

Documentación e interpretación de las fuentes: el ejemplo de la Notitia Dignitatum en la Hispania del siglo V d.C.

Notitia Dignitatum

Resulta que en el siglo IV, a alguien muy ordenado (o muy desocupado) se le ocurrió que la administración imperial romana debería conocer todas las tropas que se encontraban desperdigadas en sus provincias. Un trabajo digno de las labores de Hércules y que, con el tiempo, terminó por convertirse más es una especie de propaganda, en vez de reflejar la realidad existente en cada lugar. Aun así, se trata de un documento excepcional, básico para estudiar la situación militar (ideal) del imperio en los siglos IV y V d.C. Para el que esté interesado particularmente en el tema, le aconsejo que eche un vistazo al siguiente artículo elaborados por los chic@s de Despertaferro. 

Notitia Dignitatum
Un detalle de la "Notitia Dignitatum", en la que se muestran algunos estandartes de las unidades.

En esta Notitia Dignitatum también aparecen representadas las tropas presentes en Hispania. Comandantes, nombres de las unidades y hasta efectivos (todo ello de forma teórica, por otra parte, pues casi nunca una unidad de combate se encontraba completa; bajas en conflicto, deserciones y escasez de dinero para acometer los pagos eran problemas habituales y recurrentes). En ese entonces, las tropas imperiales se dividían básicamente en dos tipos: limitanei, que permanecían acantonadas en las diferentes fronteras (las típicas legiones del Rin y el Danubio, por ejemplo), y las tropas comitatenses, que se encontraban en el interior de las provincias y que, dada la escasez de conflictos en lugares tan alejados de los limes, sus integrantes se convertían en una especie de soldados-granjeros, o reservistas, listos para combatir en cuanto se presentara la oportunidad (o al menos esa era la teoría, pues no era poco habitual que en ese entonces muchos hombres llegaran a amputarse el pulgar para evitar así ser llamados a filas). En Hispania, tan alejada en ese entonces de las fronteras del imperio, la mayoría de las unidades existentes se correspondían al segundo tipo. Además, existirían algunas unidades especiales en los pasos que atravesaban los Pirineos, formadas por habitantes de la zona que actuarían a modo de "agentes de frontera"

Notitia dignitatum
Otra "colorida estampa" de la Notitia Dignitatum

Pues bien, salvo en el caso los últimos, del resto de unidades que deberían haber defendido la diócesis en el siglo V, no hubo noticias cuando se presentaron "los verdaderos problemas" en el lugar. ¿Cuál pudo ser el motivo? ¿Existían aquellos hombres en realidad? Ahondando en la bibliografía existente (Orosio, Hydacio, pero también Javier Arce y su inestimable "Bárbaros y Romanos en Hispania", podemos aventurar algunas hipótesis al respecto... Hagamos un pequeño balance de la situación del momento porque, como decía el gran Manolo García en una de sus canciones ¿Dónde estabas entonces, cuando tanto te necesité?:
  • Manejar el arado es aburrido, vale, pero manejar el gladius o la spatha sin expectativas de paga y botín da más pereza aún. Estas tropas, acantonadas en diferentes lugares, como en la ciudad de Legio (León), Lucus Augusti o Iulobriga (estas dos localizaciones podría ser que compartieran la Cohors Lucensis, que primeramente pudo ubicarse en la ciudad gallega para posteriormente emigrar a Cantabria en el último siglo imperial) terminarían por hacer de su principal actividad, el cuidado de la tierra, su ocupación definitiva, olvidando su compromiso de defender la provincia en la que se encontraban, más allá de sus propias tierras.
  • Las guerras civiles que tuvieron lugar en esas fechas por la lucha del imperio de occidente, también se presentaron en las provincias hispanas. Un general britano, Constantino, disputó el trono al emperador legítimo, Honorio y, tras hacerse con gran parte de la Galia, dirigió sus ojos hacia Hispania, a la que envió a su hijo y a uno de sus mejores generales, el bretón Gerontius. Cuando estos, junto con sus tropas principalmente galas y britanas, además de diferentes contingentes provenientes de pueblos" bárbaros" se acercaron a Hispania, se toparon con los "rústicos" que defendían los pasos de los Pirineos (estos, al menos, parecían existir). Superado este escollo, pues aquellas tropas montaraces no estaban preparadas para resistir frente a un ejército de tal tamaño y preparación, Gerontius se adentró en Hispania, dejando acantonadas en aquellos pasos de montaña algunas unidades de "bárbaros", ocupando el lugar de los "rústicos". Una Hispania que, no olvidemos, era la cuna del emperador legítimo, o al menos, del padre de aquel, Teodosio el Grande. Pues bien, ninguna unidad regular enarbolando coloridas enseñas desafió a los recién llegados. Tan solo en los alrededores de Emerita Augusta se levantó un ejército para hacerles frente. ¿Conformado, pensaréis, por unidades de limitanei o comitatenses y sus respectivos comandantes de cargo rimbonbante? No, un ejército levantado por los parientes de Honorio, compuesto por sus siervos y esclavos (varios miles, eso sí) que, pese a todo, plantó cara a las experimentadas tropas enviadas por Constantino. 
  • En el momento en el que los parientes de Honorio (Dídimo y Verininano) resultaron derrotados, Hispania y las provincias que la componían pasaron a estar bajo el mando nominal del britano Constantino, que se había autoproclamado emperador. Constantino, más pendiente de defenderse de Honorio y tratar de socavar la autoridad de aquel en Italia, dejó a Gerontius al mando de las provincias recién anexionadas, mientras su hijo Constante regresaba a la Galia. ¿Alguien más protestó? ¿Alguien se alzó en armas? No, y no.
  • La guerra civil no terminó ahí, sino que se complicó aún más. Gerontius terminó por traicionar a su señor y declarar a las provincias hispanas libres de su yugo, utilizando para ello a un hispano de la Tarraconense, de nombre Máximo, al que nombró César. Nuevamente, nadie se alzó contra aquel.
  • Llegado el momento, Gerontius desafió el poder de su antiguo benefactor, e invadió la Galia, llegando a derrotar al hijo de Constantino, dándole muerte. Con él, llegado el caso, podrían haber partido de la península las últimas tropas hispanas, si hubieran existido. Nunca regresarían, si así hubiera sido; pues Gerontius sufrió la deserción masiva de los suyos en cuanto las tropas de Honorio alcanzaron la Galia dispuestas a acabar con sendos usurpadores.
  • Después de aquello, podríamos terminar planteando el desenlace de la situación como el comienzo de un chiste: se juntan un alano, un suevo y un vándalo y dice el primero: mira, que hay un tipo muy simpático en Hispania que dice que vayamos, que necesita soldados y que nos dará tierras y botín. El tipo, era Máximo, el usurpador hispano ¿y qué hacen entonces todos estos "pueblos bárbaros"? pues abandonar Aquitania, donde llevaban años viviendo, para dirigirse a los Pirineos. Allí, se encuentran con las "tropas bárbaras" estacionadas por Gerontius poco tiempo atrás... que no sólo dejaron pasar a estos pueblos en movimiento, sino que se unieron a ellos y penetraron en las provincias asolando cuanto encontraban a su paso, desoyendo al inocente Máximo. Para los hispanos de aquel entonces, si aquello era un chiste, desde luego no le encontrarían la gracia.
Sin duda, una época convulsa a la que, novelísticamente hablando, se le puede sacar mucho partido.
¿Has leído alguna buena novela sobre este tema? ¿Dónde crees tú que estarían las tropas recogidas en el mayor inventario militar de la antigüedad cuando se las necesitaba?

lunes, 12 de febrero de 2018

¿Y si en carnaval te disfrazas de alano? Ahí van unas cuantas recomendaciones


Attax, el alano


Aunque vine al mundo en tierras hispanas, y por aquel entonces había pasado ya más de veinte largos años de mi vida en la provincia, me sentía profundamente orgulloso de mis raíces alanas. De todas formas, mi aspecto físico se encargaba de dejar claro mi origen desde el primer vistazo. Entre las gentes de Hispalis y alrededores, descendientes de generaciones de dominio romano en la península, donde predominaban los hombres y mujeres de tamaño medio e incluso pequeño, tez más morena y ojos castaños, mi elevada estatura –superior a los seis pies– se hacía notar. Además, mis ojos son de color azul claro, y nunca he querido recortar mis largos y algo desgreñados cabellos rubios.
Extracto de "El Alano"

Esta es la descripción que hace Attax de sí mismo cuando contaba con veintiséis años, al inicio de la novela "El Alano". Una descripción que no se debe al azar, ni a ninguna idea preconcebida que yo mismo tuviera cuando en mi cabeza comenzó a rondar la idea de escribir la novela. No: se debe a la consulta de las fuentes clásicas acerca del aspecto que solían presentar los hombres de este pueblo en la antigüedad. Como ya comentamos en post anteriores, esta descripción física propia de los alanos la debemos principalmente al historiador y militar romano Amiano Marcelino, que en sus anotaciones (siglo IV d.C) los caracterizaba como unos "bárbaros ideales": pueblo belicoso cuya principal distracción resultaba precisamente la guerra, nómada y ganadero, ajeno a la agricultura, cuyos hombres presentaban una gran talla y resultaban bien parecidos; con el cabello normalmente rubio y ojos fieros. Vaya, pues vistos así sí que resultaban ideales. Por supuesto, semejante descripción superaba a cualquier Attax que me hubiera podido imaginar con anterioridad. Pero no, primero hay que documentarse, siempre :). Una explicación con respecto al último apunte de Amiano sobre esos ojos de aspecto fiero: como ya hemos hablado en otros post, es conveniente recordar que este pueblo tenía un origen iranio. Sin ir más lejos, similar al que podían tener los hunos, sármatas o escitas, por lo que podrían presentar los ojos ligeramente rasgados, lo que resultaría una inquietante novedad para sus vecinos romanos.

Pues hoy estoy de enhorabuena, porque la ilustradora Gemma Martínez nos ha preparado una magnífica ilustración en la que aparece mi querido Attax (la que encabeza este post); tan alucinante  que me ha dejado con la boca abierta. Antes de que yo mismo me decida a hablar sobre algunos aspectos que podemos observar en ella, vamos primero que nada a conocer las impresiones de su creadora (¡y muchas gracias, Gemma!):

Ilustrar un personaje de ficción histórica ha sido una experiencia de lo más positiva. Para empezar, normalmente no me enfrento al reto de dibujar cuerpos masculinos (y mucho menos en poses épicas como la del protagonista de El Alano) y eso ha significado a la vez un reto y un aprendizaje. 

En cuanto a la creación de personajes de obras autopublicadas e independientes, siempre me llena más hacer esta clase de dibujos que los tradicionales FanArts de obras conocidas. Las pequeñas joyas que se esconden en nuestra literatura y que, en ocasiones, no gozan de la publicidad suficiente merecen ser más reconocidas y creo que, en ocasiones, mis ilustraciones ayudan a aportarles algo más de visibilidad.

Espero seguir trabajando con Esther y José en un futuro. Mis compañeras de A Librería siguen su trabajo de cerca y espero empezar a seguirlo yo también ahora que lo he descubierto.

Para finalizar, diré que agradezco mucho la oportunidad y la confianza que Esther y José me han brindado en este vasto mar. ¡No llevo ni un año por aquí y para mí esto es muy importante!

Pues una vez vistas las impresiones de Gemma, vamos con las mías, a modo de apuntes sobre lo que podemos ver en la ilustración. Ya sabes, si quieres un disfraz de alano creíble para este carnaval, deberías tener en cuenta los siguientes consejos:

El cabello. Efectivamente, rubio. Además, en algún detalle se puede observar cómo se ha trenzado unos pequeños mechones. Este hecho se debe a que los guerreros alanos solían trenzar sus largos cabellos para entrar en combate. El motivo, además de conseguir que la melena no les molestara durante la lucha, radicaba en que aquella minuciosa y mecánica maniobra conseguía mantenerlos concentrados el tiempo previo al combate, evitando así que el desánimo o el temor los atenazara. Vaya, estaban calentado, como harían los jugadores de baloncesto antes de comenzar un partido con una ronda de tiros, abstrayéndose de los gritos del público y de la tensión previa al choque.

- El rostro. Un rostro barbado, como correspondía a los pueblos ajenos al imperio. En ese entonces los guerreros tanto alanos, como suevos, vándalos o visigodos lucían enormes y cuidadas barbas (a modo de hipsters tardorromanos, pero en algunos casos en lugar de con laca y colonia, los más salvajes podían añadir a sus barbas pequeños adornos como huesecillos u otras lindezas...)

La indumentaria:

- Cota de malla de anillas. Sí, vale, en este momento podríamos decir que Attax es todo un potentado, pues dispone de una protección realmente costosa para la época. Durante el siglo V, ni tan siquiera muchos de los guerreros de Roma disponían de una armadura como esa. Hacía años que la crisis económica y militar del imperio había provocado no solo que el número de efectivos hubiera disminuido, sino que también había variado su disposición, su armamento e incluso su forma de luchar. En ese entonces tan solo los mejores guerreros (o los más pudientes) lucirían una cota como aquella, pero también podrían encontrarse algunas otras de escamas de metal cosidas sobre un coselete de cuero, aunque estas en menor medida. Con respecto a la que luce Attax en la ilustración, se trata de una protección sencilla compuesta por infinidad de aros de metal entrelazados entre sí, como si se tratara de la malla de un pescador. Una protección que era capaz de detener el impacto de flechas (en ese entonces únicamente los proyectiles lanzados por arcos hunos, sármatas o alanos supondrían un peligro real para quien la poseyera) y minimizar los golpes propinados por la espada, pero que poco podía hacer frente al impacto de una lanza a poca distancia. Una armadura que cada cierto tiempo debía ser restaurada, pues en cada escaramuza solían perderse decenas, o cientos de anillas tras cada golpe recibido. Por ese motivo, en muchas ocasiones este tipo de armaduras lucirían ciertamente coloridas e irregulares, pues en el mejor de los casos (en el que el propietario dispusiera de fondos suficientes como para encargar su arreglo), las nuevas anillas que vendrían a ocupar los huecos serían de diferente tamaño y color a las originales.

- Pantalones y camisola.

Sí, en esa época, y más tratándose de un pueblo acostumbrado a luchar a caballo, ningún alano llevaría un corto faldellín como podríamos imaginar que utilizaban los romanos en la época de la república, o como los hemos visto en películas como "Espartaco". No, los alanos usarían pantalones fabricados en base al uso de pieles de animales, tanto domésticos como salvajes, porque además de reputados ganaderos, resultaban fieros cazadores.

Para cubrir el torso usarían una camisa de tela basta, elaborada probablemente a base de lana u otro tejido natural, que los abrigara desde el cuello hasta por debajo de la cintura, sobre la que se asentaría la cota de mallas, permitiendo que esta última provocara los menos roces posibles sobre el cuerpo, y facilitando así el movimiento de quien la portara.

- La espada.

En esa época las protecciones de las espadas de los guerreros no resultaban excesivamente trabajadas, como se puede observar en la imagen. Eran herramientas para matar, no delicados trofeos que enseñar a los invitados. En este caso, la espada más utilizada en la época era la conocida como "spatha"; una espada larga utilizada por los jinetes de las legiones desde siglos atrás, que había ido evolucionando a medida que se sucedían los decenios. Tendría aproximadamente un metro de longitud, con una empuñadura en forma de cruz pero de asas muy cortas. Hay que entender el uso de esta espada desde un punto de vista: la mayor parte de las tropas de a caballo en los ejércitos imperiales eran mercenarios provenientes del otro lado de sus fronteras, generalmente pueblos germánicos, muchos de los cuales utilizarían sus propias armas e indumentarias. Así, en el siglo V, tanto las tropas que defendían el Rin de la entrada de los bárbaros, como los propios bárbaros, usarían espadas de similar factura.

- La postura: la espada en la tierra. Los alanos resultaban un pueblo de inclinaciones religiosas simples. Hasta nuestros días no ha llegado el nombre de sus divinidades en ese entonces; tan solo sabemos que adoraban a un dios de la guerra dedicándole como ofrenda una oración sobre su espada firmemente clavada en la tierra. En algunos casos, también podían verter sangre obtenida previamente de un sacrificio ritual (con animales) sobre el metal que horadaba la superficie. Sí, suena un poco a la Leyenda del Rey Arturo y la espada clavada en la roca. Lo que me recuerda que algún día tengo que dedicarle un post al respecto porque, si Arturo (o el personaje real que inspiró la leyenda) existió, no solo habría tenido contacto con unos pocos mercenarios sármatas en Britannia (como se muestra en la película del año 2004, Arturo). Atendiendo al propio mito, Arturo (Ambrosius, Owain, o como se llamara) habría luchado durante sus años de juventud (mucho antes de ser "rey" o simplemente "Dux Bellorum") al otro lado del mar, en la Armórica (Bretaña francesa). Región en la que si tienes la suerte de visitar, descubrirás cuán importante es el misterio artúrico allí, con el bosque de Broceliande y otros muchos rincones de espectacular belleza. Justamente en la misma región en la que, pocos años antes de esta "incursón artúrica", se habían asentado unas cuantas decenas miles de alanos, tribus enteras, como pueblo federado del imperio.

¿Qué os parece la ilustración? ¿Podríais imaginar así a Attax?

P.D. Es muy probable que os estéis preguntando cómo contactar con Gemma Martínez. La encontraréis en Twitter e Instagram, y también podéis echar un vistazo a su trabajo aquí. Al igual que sucedió con Yeivit, creador de las portadas de El Alano y Niebla y Acero, la experiencia de trabajar con ella ha sido muy positiva, y recomendaría a ambos sin dudarlo.