lunes, 9 de abril de 2018

Inspiración vikinga: una exposición y muchas novelas




Este pasado fin de semana visité una exposición itinerante denominada: "Vikingos. Guerreros del norte. Gigantes del mar". Una muestra que, gracias a la intervención de la Fundación CajaCanarias, llegó nada más y nada menos que a Santa Cruz de Tenerife, un lugar tan distante al que ni tan siquiera los vikingos de aquella época lograron acceder.

Como no podía ser de otra manera, disfruté de lo lindo, así como también lo hicieron todos los chavales a los que escuchaba durante el recorrido hablando entusiasmados sobre cuanto veían. Que si aquellos individuos debían de ser enormes, los más fuertes, los más salvajes... Espadas, hachas, cotas de malla. Sin embargo, nada parecían decirles las pequeñas figurillas votivas, los peines de hueso, las herramientas de hierro, fíbulas y torques de plata. No, los vikingos tienen que ser fuertes, salvajes y, todo el mundo sabe que... ¿tienen cuernos? No pude evitarlo, no, por supuesto que no tenían cuernos en sus cascos, vaya asunto más estúpido e incómodo hubiera sido. Y eran guerreros, pero también eran agricultores, herreros, comerciantes; hombres y mujeres atados a una tierra pobre en recursos, pero que no se resignaban a su suerte. Pero no era mi intención hablar de cuernos, como tampoco de si eran hombres y mujeres enormes como muchas veces se ha dicho, o más bien eran bajitos, pues en aquel entonces, en aquellas latitudes, la agricultura no podía compararse en productividad y variedad a la de otros lugares más al sur. No, definitivamente hoy no quiero abrir un debate acerca de este pueblo tan sugerente, pero sí me apetece compartir un recorrido novelístico sobre sus hazañas, en base a aquellas novelas que he leído, y que han acudido a mi memoria estos días.

Equipaje ideal para irse a hacer el vikingo una temporada
Creo que se me ha ocurrido una buena idea para dividir las novelas, no en períodos, sino aprovechando la idiosincrasia propia de esta cultura, según el destino de sus viajes. Como anunciaba la exposición (asunto que hacía las delicias de los niños, al imaginar a aquellos dragones aterrorizando a quien encontraban a su paso), lo que hoy conocemos como pueblos vikingos eran grandes navegantes, que, llegado el momento, comenzaron a explorar más allá de sus tierras en busca de tierras, alimentos, ganado, comida y riquezas. Nada que no hubieran inventado antes, por ejemplo, anglos y sajones, pero también vándalos o suevos. Pero en el caso que hoy nos ocupa, los vikingos se amparaban en su gran espíritu navegante y explorador, aspecto que ninguno de los otros pueblos poseía en su momento. Estos guerreros vikingos, a bordo de sus naves de guerra, ideales para remontar los ríos, dejándose guiar por la posición de las estrellas, por la dirección de los vientos y el vuelo de las aves, se lanzaron al descubrimiento del mundo que les rodeaba a partir del siglo VIII d.C. Y a partir de ese momento, podemos aventurar que cuatro fueron las grandes direcciones que tomaron, y aquí, van algunas recomendaciones novelísticas al respecto. Comencemos:

1-. Hacia el "oeste cercano": islas británicas y norte de Francia.

Por supuesto, que gran parte de los novelistas que lea sean angloparlantes, conlleva que haya leído más libros acerca de este primer destino que del resto. 

A partir de finales del siglo VIII (y algunos lo recordarán por la serie de la BBC, Vikingos), los pueblos daneses comienzan a llegar a las islas británicas. En concreto, el primer lugar que pisan (saquean e incendian, como no podía ser de otra manera) es el monasterio de Lindisfarne, en la costa de Northumbria. Tras este primer episodio, y durante otros dos siglos, no dejarán de llegar a las costas británicas embarcaciones cargadas de guerreros, pero también de familias danesas, principalmente, como también frisonas e incluso noruegas, que terminarán conformando sus propios reinos en tierra inglesa. Si quieres leer una buena novela sobre este hecho, lo tuyo es la serie de "Sajones, vikingos y normandos", del gran Bernard Cornwell.

Pero también al otro lado del canal de la Mancha se dejó sentir la presencia de estos personajes del norte. Normandía pasará entonces a convertirse en una nueva Dinamarca, y ya a mediados del siglo XI, será el Duque Guillermo quien finalmente conquiste las tierras que pertenecieran a los descendientes de Eduardo de Wessex. Si estás interesado en este período, entonces debes leer la serie de Rebecca Gabblé con los títulos "El último reino" y "El traductor del rey", o la novela "El último rey inglés", de Julian Rathbone.

Un detalle del "Tapiz de Bayeaux", en el que se cuenta la conquista normanda de Inglaterra.
Pero no solo de la conquista danesa de Britannia tenemos que hablar si nos referimos a la influencia vikinga en las islas británicas. Irlanda, la Hibernia romana, también sufrió el acoso de los dragones llegados del mar. Sin ir más lejos, su capital, Dublín, debe su fundación a un enclave vikingo (en este caso probablemente noruego) llamado en su momento Dyfflin. La saga "Vikingos", de James L. Nelson, puede ser una buena opción si quieres adentrarte en la Irlanda vikinga, así como "Príncipes de Irlanda", de Edward Rutherfurd.

2-. Hacia el noroeste, y más allá: el frío, lejano e inacabable noroeste.

Sí, a partir de esa época comienzan a asentarse colonias vikingas más allá de las islas británicas; las que hasta entonces parecían haber marcado el límite de la tierra conocida en la edad antigua. Las islas Orcadas, Feroe, Shetlands y un numeroso grupo de islitas situadas al norte y oeste de Escocia fueron colonizadas por estos hombres y mujeres en su largo peregrinar. Pero incluso fueron más allá. Se asentaron en Islandia en el siglo IX, pero también en Groenlandia un siglo más tarde e, incluso, parecen haber llegado hasta el continente americano, hasta la isla de Terranova.

Algunas novelas interesantes ambientadas "en parte" en estos, son: "Assur", de Francisco Narla o "Erik el Rojo", de Manuel Velasco.

3-. Al sur, y más allá: la península ibérica y el Mediterráneo.

Pues en el siglo IX llegan por primera vez las embarcaciones vikingas hasta la península ibérica. Como surgidas de las peores pesadillas de nuestros antepasados, las tripulaciones de daneses aparecen en el horizonte para pasar a sangre y fuego cuanto pueden, hasta que son rechazadas por los ejércitos asturianos, navarros y andalusíes (aquí no se salvó nadie...). Santiago de Compostela, Lisboa, Pamplona o Sevilla, esta última de forma brutal e inesperada, fueron algunas de la ciudades que conocieron la fama de salvajes que poseían estos guerreros. Pero lejos de darse por satisfechos, los navegantes vikingos no se detuvieron en la península, sino que se aventuraron en el Mediterráneo. Así, mercenarios normandos llegaron a tomar posesión de la isla de Sicilia, creando su reino propio que se mantendría durante un siglo.

Novelas que no te puedes perder: "Los demonios del mar", de José Javier Esparza, o, "Al-Gazal, el viajero de los dos orientes", de José Luis Maeso de la Torre.

4-. Al sureste y más allá, aunque no haya mar que atravesar: Kiev y Bizancio.

Los llamados vikingos orientales, principalmente de origen sueco t establecidos en la actual Suecia, pero también en Finlandia, Livonia y otras regiones bálticas, al contrario que sus "parientes" daneses y noruegos, cuyas costas abrían al mar del norte, decidieron llevar a cabo su propia exploración en sentido contrario. Se trata de una epopeya vikinga quizás menos menos conocida, pero igual de interesante, quizás incluso más por lo exótica que resulta su presencia en un mundo tan lejano y diferente a su cultura como el imperio bizantino y el mundo árabe. Los guerreros vikingos, bien pertrechados para el combate, fieros y ávidos de riqueza, se hicieron un nombre entre los nobles rusos de Novgorod, en su capital de Kiev, a la que acudían en calidad de mercenarios (cuando no directamente como enemigos) de los dirigentes locales para luchar en su nombre. Tal fue su renombre y su audacia, que continuaron su camino hacia el sur, hasta llegar a la propia Constantinopla. Allí, desde finales del siglo X y hasta la caída de la ciudad a manos de los turcos, constituyeron una de las tropas de élite más reconocidas a lo largo de la historia militar: la guardia varega. Guardia personal del Basileus, escogida entre los escandinavos llegados hasta el imperio bizantino que además de salvaguardar la vida del dirigente, servían como infantería pesada en las batallas que asolaban Asia Menor y los Balcanes. Eran hombres temibles, de aspecto exótico para los orientales, que hicieron cuanto quisieron en la corte imperial, disfrutando de una vida soñada para alguien como ellos: bebían sin medida, provocaban altercados, recibían una paga extraordinaria, y luchaban sin mesura. Tal fue su privilegiado estatus, que incluso nobles de diferentes partes de Escandinavia emprendían el largo camino hasta Constantinopla para alistarse en esta tropa unos cuantos años, antes de regresar a su hogar habiendo amasado una gran fortuna.

Y con todos ustedes, la Guardia Varega.
Si este es tu viaje vikingo, no dejes de leer la serie escrita por Robert Low, que comienza con su novela "El camino de las ballenas".

¿Y tú, conoces alguna otra novela "vikinga" interesante?

No olvides tu martillo de Thor antes de escoger la ruta preferida, y que tengas felices lecturas.



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